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El calor de las últimas semanas en España y otros países europeos no se limita a la temperatura del aire. Durante el recién concluido mes de mayo, la temperatura del agua del mar ha pulverizado todos los registros históricos en la red de medición de Puertos del Estado.
Los datos, obtenidos en tiempo real a través de las redes de boyas profundas y costeras, dibujan un escenario de anomalía térmica generalizada que afecta de lleno tanto a la vertiente atlántica y cantábrica como, de forma muy acentuada, a la cuenca mediterránea. En total, 18 boyas (12 de 15 de la Red Exterior y 6 de 14 de la Red Costera) han marcado el dato más alto jamás registrado en un mes de mayo.
El epicentro de este sobrecalentamiento marítimo se ha situado en el archipiélago balear. La boya de aguas profundas de Mahón (Menorca) registró 26,58 ºC el pasado 27 de mayo, un umbral más propio de finales del verano que de la primavera meteorológica. Apenas unos días después, la boya de Dragonera (Mallorca) marcó 26,2 ºC.
El litoral catalán y la costa de Tarragona también han sido zonas cero de esta anomalía, con valores que rozaron los 24,6 ºC en aguas abiertas y superaron los 24,5 ºC cerca de la costa.
Este fenómeno no se ha limitado al siempre más cálido Mediterráneo. El Atlántico y el Cantábrico han reportado subidas inusuales, con boyas como la de Pasaia (Gipuzkoa) superando los 22,8 ºC, o la de Bilbao-Vizcaya alcanzando los 20,26 ºC, evidenciando que el estrés térmico oceánico es un patrón global que ya afecta a todas nuestras costas.
Este aumento de temperatura no solo amenaza a la biodiversidad marina y a los ecosistemas locales –agravando la mortalidad de especies vulnerables como la posidonia–, sino que también supone un aporte extra de energía térmica a la atmósfera. Un mar sobrecalentado al inicio del verano es el combustible perfecto para que, de cara al otoño, aumente la virulencia de fenómenos meteorológicos extremos como las DANA.


Critican que no se haya declarado el peligro alto por incendios forestales.
Con las previsiones meteorológicas en el sur de España, la recurrencia de incendios y el personal disponible, hace días que se debería haber declarado el peligro alto.
Ya ha habido días con más incendios simultáneos que muchos días del verano. Un verano que se agranda, por la primavera y el otoño en más de un mes, debido al cambio climático.
Tras un invierno húmedo y una primavera muy seca con unas temperaturas muy altas a final de mayo, se están dando situaciones de gravedad con numerosos incendios forestales.
Ecologistas en Acción Extremadura critica y acusa de negligencia la actitud política por no haber declarado la época de peligro alto ante una situación previsible de alto riesgo de incendios forestales.
Desde hace varios días se vienen sucediendo numerosos incendios forestales por toda la comunidad, algunos de ellos de bastante importancia.
En toda la comunidad aún no se ha declarado el peligro alto de incendios. Por lo tanto, se pueden realizar numerosas actividades agroforestales sin apenas medidas de prevención e incluso algunas como las quemas de restos vegetales que hace días debieran haber estado prohibidas. Siendo el origen de muchos de esos incendios que podrían haberse evitado. En general, otros años con primaveras secas se ha adelantado la declaración de la época de peligro alto al menos 15 días, es decir tras las romerías de San Isidro.
Estos incendios se han abordado sin apenas personal de guardia en labores de extinción de incendios, tanto de bomberos forestales, técnicos o agentes forestales-medio ambientales. La falta de personal ha provocado el tensionado y agotamiento de los recursos humanos disponibles que se han visto desbordados en muchas ocasiones. Teniendo que acudir en el mismo día a más incendios que si en pleno verano se encontrasen y a grandes distancias. Quedando en entredicho las decisiones técnicas y políticas que han llevado a no adelantar, que en muchos casos tienen que ver por un ahorro económico o por querer seguir manteniendo actividades agroforestales que están en el origen de muchos de estos incendios lo que demuestra una falta de previsión y negligencia ante una situación anunciada y previsible.
Una negligencia que están pagando nuestro medio natural, fruto del negacionismo científico y de la incapacidad política para tomar las decisiones adecuadas ante las previsiones climáticas y meteorológicas.