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Al menos 451.000 vidas se perderán como consecuencia del calor impulsado por el fenómeno El Niño en comparación con un año normal. Es la advertencia que lanza un reciente informe del Climate Impact Lab. Este consorcio, que agrupa a investigadores de la Universidad de Chicago y la Universidad de California en Berkeley, estima que este exceso de mortalidad a nivel global se concentrará en un estrecho margen de apenas seis meses, comprendido entre septiembre de 2026 y febrero de 2027. Para dimensionar la magnitud de esta tragedia, la cifra proyectada es aproximadamente 65 veces superior a la cantidad de personas dadas por muertas o desaparecidas en las recientes y catastróficas inundaciones de Nepal. Además, el conteo no se detendrá en febrero, ya que los modelos meteorológicos sugieren que el ascenso término seguirá segando vidas hasta los meses de junio y julio del próximo año.
Las anomalías térmicas en la región ecuatorial del Pacífico ya han superado la barrera de los 3 °C a mediados de septiembre, emulando los picos registrados durante el máximo de El Niño de 2015. Ahora, en 2026, este fenómeno natural está desplegando su fuerza sobre un sistema climático profundamente alterado, empujando la temperatura media terrestre 1,2 °C por encima de los valores normales. Este salto térmico se traducirá en un 44% más de días extremadamente calurosos de lo que esperaríamos en un año normal. Como advierten los propios científicos, “esto es más que un verano caluroso, es una postal del futuro”: nos expone prematuramente a las temperaturas que la crisis climática iba a establecer como norma dentro de dos décadas, dejándonos sin tiempo para adaptarnos.
El mapa del exceso de mortalidad es el reflejo de la desigualdad estructural. El informe advierte de que las muertes se concentrarán en el sur global. Durante este semestre, la región africana del Sahel y numerosas naciones del Sudeste Asiático vivirán una crisis sin precedentes. Nigeria encabeza la lista mundial con más de 31.300 decesos proyectados. A ella le siguen otros países de la misma franja como Sudán, con 17.430 fallecidos, Níger (10.000) y Chad (8.000).
En el continente asiático, Indonesia se prepara para un golpe letal que causaría 19.251 muertes adicionales, mientras que India registraría cerca de 15.670 y Brasil, en América del Sur, unas 13.271 vidas perdidas. En España, las proyecciones calculan 477 muertes adicionales durante estos seis meses, de las cuales 130 ocurrirían e Madrid.
Este importante aumento de fallecidos se sumará a los impactos derivados de las sequías, los incendios forestales y las inundaciones que acompañan las mayores temperaturas. En lugares como Indonesia, la falta de lluvias vinculada a El Niño ya está empeorando los incontrolables incendios en las islas de Sumatra y Borneo. A su vez, el Programa Mundial de Alimentos ya alertó en agosto de que estos impactos podrían empujar a unos 50 millones de personas hacia el hambre aguda debido al aumento de precios y la caída de las cosechas.
Ante esta situación, los científicos plantean que el conocimiento de estos datos debe impulsar medidas inmediatas, tales como la implementación de sistemas de alerta temprana, la creación de centros de refrigeración, la ampliación del acceso sanitario y la protección de los trabajadores al aire libre.

