Empar Puchades, activista vecinal: «No es el agua: es el sistema. Soy víctima de un modelo que no pone la vida en el centro»

El 29 de octubre de 2024, una DANA devastó la comarca valenciana de l'Horta Sud. El agua arrasó viviendas, vidas y certezas. Pero para Empar Puchades, activista vecinal de Castelar-L’Oliveral, lo que ocurrió después no fue solo una catástrofe climática, sino la manifestación de un modelo político que ya había convertido a muchas personas –y territorios– en sacrificables. 
Empar Puchades, activista vecinal: «No es el agua: es el sistema. Soy víctima de un modelo que no pone la vida en el centro»
Seis meses después, y con un proceso judicial en marcha, Puchades -una de las impulsoras de la Asociación de Víctimas de la DANA 29 de octubre-  sigue organizando, denunciando y proponiendo desde el territorio. Foto: L.U.

En el acto público de la XXXVII Asamblea de Entrepobles-Herriarte en Bilbao, Empar Puchades, activista vecinal de Castelar-L’Oliveral, no vino solo a hablar: vino a testimoniar. “Yo soy hija de l’Horta Sud. Soy expropiada. Soy indígena de l’Horta de València”, dijo al comenzar. Y con esa frase abrió un mapa de despojos que sigue marcando el sur de la ciudad. Mostró fotografías: la casa de su infancia, las huertas colectivas, el barrio de La Torreta, desaparecido bajo las obras del Plan Sur. “Éramos una comunidad de 75 u 80 familias. Vivíamos juntas, cultivábamos juntas, celebrábamos juntas”. Ya no existe.

Aquel plan, impulsado tras la riada de 1957, no solo canalizó un río: institucionalizó un modelo de ciudad que considera al sur como zona de sacrificio. «Destruyó miles de hectáreas de huerta productiva. Nos pagaron al precio de suelo pantanoso. Y construyeron barreras que siguen agravando las inundaciones». Según denunció, el talud del Turia tiene hoy dos metros menos al sur que al norte: una asimetría que explica por qué barrios como el suyo sufrieron con tanta dureza la DANA de 2024.

En esta conversación con Climática, explica desde su mirada lúcida por qué no se siente “víctima de una dana”, sino de un sistema. Y por qué sigue creyendo en el poder de lo colectivo para cambiarlo todo.

¿Qué imágenes te vienen cuando piensas en aquella noche del 29 de octubre? ¿Qué fue lo primero que hiciste cuando ya no se podía ni salir a la calle por el agua y el barro?

El impacto que vivimos durante toda la noche del 29, la vulnerabilidad, la necesidad de atender con urgencia muchas casuísticas concretas, hizo emerger el milagro de esa humanidad de atender sin diferencias… 

El desastre fue tan grande, tan rápido, que solo nos quedó actuar. Lo que vivimos esa noche fue una necesidad absoluta de atender, de protegernos entre nosotras. Y eso hizo emerger una humanidad que me emociona todavía. 

El agua y el barro no entendían ni de colores, ni de diferencias, ni de políticas. Solo había vecinos ayudando a vecinos. En mi caso, acogí a dos familias durante unos días. Curé una herida en la cabeza a mi vecino, avisé a una ambulancia y cuidé de su perro mientras estuvo ingresado. Eso es lo que ocurrió: una red inmediata de ayuda mutua que nació de la urgencia y del abandono. 

“El Gobierno autonómico no estuvo”

¿Qué sentiste tú cuando veías que no había nadie? ¿Ni antes, ni durante, ni después? ¿Cómo se vive ese abandono en medio del barro?

Con la certeza de que no había nadie ahí. Ni el 29, ni antes, ni después. Lo he dicho públicamente muchas veces: el gobierno autonómico no estuvo. No solo no activaron los protocolos preventivos, sino que ignoraron los avisos meteorológicos. Mazón y su gobierno estaban, como digo, “a lo suyo”. Literalmente. Ese mismo día, mientras nosotras salvábamos vidas, estaban aprobando la Ley de Simplificación Administrativa. Una ley que recorta derechos ciudadanos como el acceso a la información o la participación frente a planes urbanísticos. En pleno desastre, estaban blindando el expolio. 

¿Cómo te explicas que todo esto no se haya visibilizado? ¿Por qué crees que apenas ha tenido repercusión, incluso cuando, el mismo 29 de octubre, el gobierno de Mazón aprobaba una ley que facilita construcciones en suelos inundables y recorta derechos de participación ciudadana?

Porque estamos en una democracia cada vez más degradada. Me resulta escandaloso que no se condene la mentira institucional. Se ha naturalizado que desde las propias instituciones se mienta, se manipule, se ataque. Y eso es gravísimo. El periodismo está en crisis. La política, también. Pero sobre todo la democracia. ¿Cómo vamos a reconstruir la confianza si lo primero que hacen es politizarnos, escalarnos, usarnos como ficha de cálculo partidista? 

En el artículo de Álex Guillamón publicado en la revista 83 de Entrepueblos se denuncia la responsabilidad política por no haber protegido a la ciudadanía ante la DANA en l’Horta Sud. Recuperando la advertencia de científicos británicos tras el IPCC de 2018, Guillamón señala: “Cuando un gobierno voluntariamente declina en su responsabilidad de proteger a sus ciudadanos de daños y de asegurar el futuro para las próximas generaciones, ha fracasado en su deber más esencial. El contrato social se ha roto y, por tanto, no sólo es nuestro derecho, sino también nuestro deber moral rechazar la inacción del gobierno y el abandono flagrante de sus deberes, y rebelarnos para defender la vida misma”. Tú formas parte de esa ciudadanía organizada, como presidenta de la Associació de veïnes i veïns de Castellar-L’Oliveral e impulsora de la de víctimas 29 de octubre. ¿En qué frase sentiste que habla de ti?

Lo leí aquí en Bilbao y me identifiqué palabra por palabra. Porque apunta exactamente a lo que pasó. El gobierno valenciano falló en su obligación más esencial: proteger. Un gobierno ha de estar obligado a rendir cuentas, cuidar de la ciudadanía. Y aquí eso ha saltado por los aires. No actuaron antes, no estuvieron durante, y no están respondiendo después. ¿Cómo confiar en un gobierno que toma decisiones contrarias a todo lo que dicta el sentido común, los expertos y el deber público? 

¿Qué te ha reforzado en lo colectivo estos meses?¿Qué conversaciones, qué silencios, qué miradas te has llevado de esta Asamblea?

Aquí me he sentido escuchada, acompañada, reforzada. Bilbao tiene algo especial, una savia social distinta. Aquí me reafirmo en la necesidad de lo colectivo, de tener una visión que cree realidades distintas. Lo que sufrimos el 29 de octubre también fue fruto de no estar adaptadas al medio. Hablamos mucho de reconstrucción, pero yo creo que hay que hablar de restauración, de adaptación. Más que planes de contingencia, necesitamos planes de cuidado mutuo.  

¿Qué representa la memoria para la asociación de víctimas 29 de octubre?  

Un papel fundamental. La memoria es una herramienta de justicia. No queremos que esto se olvide, porque lo que se olvida, se repite. Queremos que se sepa que lo que pasó no fue una fatalidad. Fue una cadena de decisiones políticas. Por eso recogemos testimonios, organizamos actos, denunciamos públicamente. La memoria no es solo recordar: es exigir justicia. Es impedir la impunidad. 

¿Y qué significa exigir justicia en este contexto? En este proceso judicial que sigue abierto, ¿qué justicia esperáis?

Esperamos justicia y reparación. Hay que esclarecer qué pasó, por qué pasó y por qué se agravó. Quieran o no. No solo para resarcir a las víctimas, sino para que aprendamos. Nosotras como sociedad. Ellos como responsables políticos. Es la única manera de avanzar. 

Os han señalado con nombre y apellidos. ¿Qué te atraviesa cuando ves que a las víctimas se os trata como sospechosas solo por organizaros? ¿Cómo habéis vivido que os criminalicen por hacer lo que tocaba hacer?

No me ha sorprendido. Estábamos preparadas. Y lo hemos visto en otros casos: en el metro de València, en el Yak-42, en el 11-M. Es el modo de operar del Partido Popular. A mí me han rotulado con nombre y apellidos por ser portavoz de la Asociación de Víctimas del 29-O. Me han señalado por haber sido nombrada hija predilecta de València en 2019 –por unanimidad; repito, por unanimidad, de todos los partidos–. Por mi defensa de la huerta, del territorio, de los derechos humanos. Pero yo no milito en ningún partido. Milito en la política del barrio, de los cuidados, de la vida digna. Mi sitio es la política social, la ayuda mutua, la no violencia.

¿Cómo sostenerse ante este modelo? ¿Dónde pones hoy tu fuerza? ¿Qué haces tú –en lo pequeño, en lo diario– para no dejarte arrastrar por este modelo que no cuida la vida?

Colectivamente. Este sistema no protege la vida. Nos ha hecho creer que podemos vivir aisladas, que la vivienda es una mercancía, que la dignidad es un lujo. Y no. Tenemos –como decimos en valencià– que salir del melic, de esa mirada corta. Sabemos que debemos construirnos en comunidad, tejer redes. Y creer en ello. Porque somos muchas más. Y porque tenemos una fuerza imparable.

“Esto es lo que da sentido a nuestras vidas”. Se lo escuché a Fernando Valladares en la serie Hope, en pie por el planeta: que lo que da sentido, en el fondo, es seguir adelante, pese a todo. ¿Hay esperanza? 

Claro que sí. El modelo que nos ha traído hasta aquí puede testarse. Puede diagnosticarse. Y puede cambiarse. Tenemos inteligencia. La misma inteligencia colectiva que nos llevó a este punto es la que puede construir realidades nuevas, justas, sostenibles. Pero hay que hacerlo sin egos, con motivación, con cuidado. Y en colectivo. Es posible. Es posible. 

Y yo creo profundamente que estamos a tiempo de revertirlo. A eso llamo. A eso estamos llamadas. No tengo otra manera. Lo creo profundamente.

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  1. Tomás Muñoz y Yago Álvarez Barba, redacción El Salto: detalles sobre la investigación que hemos publicado en exclusiva sobre la imagen de Mazón entrando al Cecopi el día de la Dana.
    Las sospechas sobre la veracidad y autenticidad de la imagen han existido desde el momento de su difusión. Una persona cercana a esta redacción nos hizo notar ciertas anomalías en la fotografía. Lo que, unido a las incongruencias en el relato del señor Mazón –que ha defendido múltiples versiones–, nos llevó a empezar una investigación.
    Recurrimos a un perito con solvencia en este tipo de análisis para que nos hiciera un informe sobre la supuesta captura de la cámara de videovigilancia. La conclusión más contundente es que la imagen es “técnicamente falsa”
    El origen de la circulación de la fotografía está en el 27 de febrero, cuando la Agencia EFE la distribuyó a través de un teletipo. Desde el primer momento, la imagen genera cierta extrañeza, sobre todo, porque la versión de que llegó allí a las 20:28h no la había puesto en circulación el president hasta el día 26 de febrero, un día antes de la difusión de dicha imagen.
    A la jueza de Catarroja que instruye el caso no se le remite el informe que, supuestamente, acredita la hora de llegada de Mazón, sino que se difunde a través de la Agencia EFE. Se hace después de que RTVE sostenga una información que sitúa al president a las 19:45h, una hora que coincide con la señalada por el síndic de Compromís, Joan Baldoví. Ambas fuentes aseguran tener testigos de esa afirmación….
    …Periodistas de la Agencia EFE a los que casualmente les entran otras llamadas cuando les estamos preguntando sobre el informe que nadie más que ellos ha visto… y que no nos vuelve a contestar al teléfono. Responsables de prensa del equipo de Mazón que casualmente tienen que coger un taxi cuando les estamos preguntando por el informe… y que no nos vuelven a contestar el teléfono. Y un montón de llamadas, emails y wasap que nunca reciben respuesta. Nosotros habíamos hecho nuestro trabajo. Publicamos la historia.
    No tardaron en llegar las reacciones: En la parte negativa, la reacción normal de una administración pública gobernada por el Partido Popular: la Generalitat emitió un comunicado desmintiendo nuestra información y amenazando a El Salto con tomar acciones legales. Nos colgaron el teléfono. No contestaron a nuestras preguntas. Nos ignoraron por completo. Pero luego utilizan la web oficial del gobierno autonómico para amenazarnos y desmentir nuestra información sin aportar ni una sola prueba de ello….

  2. Sí, es el sistema, Empar. El sistema capitalista. Se hace llamar la democracia; pero en realidad es la más peligrosa de todas las dictaduras, por sutil. La más destructiva, saqueadora, genocida, codiciosa, injusta, retorcida la que menos de fiar.

    ¡ La naturaleza no es una mercancía !
    Una propuesta de gobiernos de algunos países ricos y Naciones Unidas pretende frenar la extinción masiva de especies introduciendo un sistema de «medidas compensatorias» y «créditos de biodiversidad». Así, las empresas estarán comprando el derecho a seguir destruyendo el ambiente como hasta ahora. Es una solución falsa. ¡Digamos NO!
    Se necesitan miles de millones de euros para proteger la naturaleza. La Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas ONU, gobiernos, empresas y grupos de presión promueven los pagos compensatorios y los certificados de biodiversidad.
    Estos sistemas, sin embargo, muy rara vez funcionan y conllevan grandes riesgos, mientras desvían la atención de las verdaderas soluciones al problema fundamental de la pérdida de biodiversidad.
    La propuesta consiste en calcular el valor de la naturaleza destruida en un lugar determinado A y compensar dicha destrucción pagando un valor equivalente por la protección de la naturaleza en otro lugar B. Pero este valor es imposible de calcular en moneda o mediante créditos.
    La «lógica» de este sistema es que la naturaleza en el lugar B se destruiría sin dichos pagos, por lo que la protección es adicional, permanente y no se transfiere a una tercera ubicación C mediante un mecanismo similar. Pero no hay garantías.
    Los créditos de biodiversidad podrían llegar a ser tan poco efectivos como ya sucede con los créditos de carbono.
    Mientras los sistemas de créditos y compensaciones permiten que los gobiernos y empresas del Norte puedan evitar tener que tomar medidas efectivas para proteger la naturaleza y no necesiten auto limitarse, estarían transfiriendo esta «carga» generalmente a los habitantes del Sur global. Además, estas medidas se basan en un modelo de conservación de la naturaleza a modo de fortaleza, mientras violan los derechos de los pueblos indígenas, conducen al acaparamiento de tierras y amenazan la seguridad alimentaria de las poblaciones.
    La conservación de la naturaleza no puede dejarse en manos del «mercado», sino que necesita de leyes eficaces. Hay que acabar con subvenciones perjudiciales para el medio ambiente, introducir otros instrumentos para ayudar a financiar la protección de la naturaleza como impuestos sobre transacciones financieras, reforzar los derechos de los pueblos indígenas, a menudo los defensores más eficaces del medio ambiente y, sobre todo, cambiar drásticamente nuestros hábitos de consumo.
    Carta que puedes apoyar con tu firma. Salva la Selva la hará llegar a los Gobiernos de la UE y a las instituciones de la ONU.
    https://www.salvalaselva.org/peticion/1296/la-naturaleza-no-es-una-mercancia

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