Las ‘malas hierbas’ son especies que han sacado partido de la actividad del ser humano y de la conversión de bosques y praderas en terrenos agrícolas. Sin embargo, a medida que la agricultura se ha ido intensificando en las últimas décadas, muchas de ellas no han resistido las nuevas presiones humanas o el abandono de los cultivos tradicionales.
La revolución neolítica nos permitió liberarnos de la caza y la recolección y nos ató para siempre al trabajo. En el progreso, muchas especies mutaron y se extendieron por todo el mundo gracias a su cultivo. Pero casi nunca se cuenta la historia desde su punto de vista.
Los dinosaurios y la maquinaria con la que se cultivan los campos tienen algo en común: compactan el suelo con su peso y pueden provocar que se deteriore. Pero la agresividad de los vehículos agrícolas está comprometiendo la productividad de los alimentos mucho más que las criaturas del Mesozoico.
Una estrategia de adaptación que no tenga en cuenta las diferencias sociales puede aumentar la desigualdad y tener impactos no deseados en el medioambiente, avisa Marta Guadalupe Rivera Ferre, autora del IPCC.
El nuevo informe del panel de especialistas identifica una amplia gama de peligros para los sistemas humanos y naturales de continuar emitiendo como hasta ahora. Enumeramos algunos de ellos.
La hipoxia en el Mar Menor, los impactos negativos de la ganadería y agricultura intensivas, los altos niveles de contaminación en nuestras ciudades… Estos problemas medioambientales y de salud pública tienen un nexo: el nitrógeno.
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