Un grupo de 17 especialistas designados por el secretario general de la ONU ha presentado en la COP27 un informe en el que traza una serie de líneas rojas para evitar el lavado verde de entidades no estatales. Una de ellas es no declararse «cero neto» mientras se siga construyendo o invirtiendo en combustibles fósiles.
Ambos sectores presumen de iniciativas ecológicas mientras presionan para que no se cumplan los objetivos climáticos y promueven formas de viajar que generan elevadas emisiones de carbono.
Cambiar el paradigma de la economía lineal por uno circular es difícil debido a la sobreabundancia de ‘información’ y al ecoblanqueo. Además, la estrategia europea está más centrada en las subvenciones que en difundir destrezas y conocimiento.
Achacan la crisis energética a las políticas medioambientales de Joe Biden y buscan un nuevo marco legal que les permita explotar más yacimientos de combustibles fósiles.
Un estudio analiza cómo se ha pasado por alto el papel clave de las empresas de relaciones públicas a la hora de retrasar la acción climática y favorecer a la industria de los combustibles fósiles.
Un cabildero de ExxonMobil fue grabado en una comisión en la que minimizó el peligro de la crisis climática y apostó por el aprovechamiento mercantil de la etiqueta «premium verde».
503 cabilderos de compañías de combustibles fósiles están acreditados en la COP26: 21 personas más de las que tiene Brasil, el país con el equipo negociador más numeroso.
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