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El mes de febrero de 2026 ha sido intenso a todos los niveles. Tanto a nivel global como en España, los datos revelan un escenario donde el cambio climático continúa mostrando sus efectos de manera contundente, combinando temperaturas inusualmente altas en diversas regiones con precipitaciones continuas y tormentas devastadoras.
A escala mundial, el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S) –el programa espacial de la Unión Europea– ha confirmado que febrero de 2026 fue el quinto más caluroso jamás registrado. La temperatura global se situó 1,49 °C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900), rozando los 1,5 ºC del Acuerdo de París. La temperatura media de la superficie del mar también alcanzó niveles alarmantes, situándose en 20,88 °C, el segundo valor más alto registrado para este mes. Estas anomalías oceánicas, especialmente el fuerte gradiente térmico entre las aguas frías del Atlántico Norte central y las aguas cálidas subtropicales, favorecieron el desarrollo de potentes tormentas que acabaron impactando de lleno en el continente europeo.
En Europa, la situación climática fue de marcados contrastes territoriales. Sorprendentemente, la temperatura media global del continente fue ligeramente inferior a la media (-0,07 °C), convirtiéndose en uno de los tres febreros más fríos de los últimos 14 años debido a las gélidas condiciones en Fennoscandia y el Báltico. Sin embargo, la historia fue muy distinta en el oeste y el sur del continente. Excepcionales ríos atmosféricos —estrechas franjas de aire cargadas de mucha humedad— junto con una corriente en chorro desplazada hacia el sur, provocaron lluvias récord. Países como España, Francia y Portugal, así como Marruecos en el norte de África, sufrieron graves inundaciones que causaron enormes daños materiales y la pérdida de medios de subsistencia y vidas humanas. Las inundaciones también afectaron gravemente a otras zonas del planeta como Australia, Mozambique y Botsuana.
En cuanto a España, los datos proporcionados por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) dibujan un panorama de anomalías pluviométricas y térmicas sin precedentes recientes. Febrero de 2026 fue calificado oficialmente como un mes «muy cálido» y «muy húmedo». La temperatura media en la España peninsular fue de 9,5 °C, lo que supone 2,4 °C por encima de la media habitual para el periodo de referencia 1991-2020. De este modo, se consolidó como el cuarto febrero más tórrido desde el comienzo de la serie histórica en 1961 y el tercero del siglo XXI. Durante el mes no se registraron episodios fríos destacables; por el contrario, las temperaturas mínimas se mantuvieron muy altas para la época y los termómetros se dispararon puntualmente, alcanzando los 31,6 °C en puntos como Tenerife Sur.
En cuanto a las precipitaciones, el territorio peninsular español acumuló 123,9 mm de media, lo que representa un 241% del valor normal. Llovió casi dos veces y media más de lo habitual, convirtiéndolo en el quinto febrero más lluvioso de la historia de España y el segundo del actual siglo. Amplias zonas de Castilla y León, Extremadura, Castilla-La Mancha, el interior de Andalucía y Galicia vivieron condiciones extremadamente húmedas. Destacan acumulados mensuales extraordinarios como los 499 mm registrados en el aeropuerto de Vigo o los 407 mm en Pontevedra. En claro contraste territorial, la vertiente mediterránea, en especial la Comunitat Valenciana, así como el archipiélago balear, experimentaron un mes caracterizado como seco o muy seco.
Otros indicadores globales también reflejan este desequilibrio medioambiental generalizado. En el Ártico, la extensión del hielo marino se situó un 5% por debajo de la media, anotando la tercera cifra más baja para un mes de febrero, mientras que la extensión del hielo antártico rozó la media estival, frenando la tendencia de mínimos históricos de los últimos cuatro años.
Como señala Samantha Burgess, responsable estratégica de clima del C3S, «los fenómenos extremos de febrero de 2026 ponen de relieve los crecientes efectos del cambio climático y la urgente necesidad de actuar a escala mundial». Los datos combinados de Copernicus y la AEMET sirven para demostrar que el calentamiento del planeta hace inestable el clima, con las sequías locales conviviendo con diluvios históricos y temperaturas anómalas.




