¿Qué ha pasado con el hidrógeno verde?

La Fundación Renovables presenta un corto documental donde analiza, desde diferentes perspectivas y con distintas voces, la situación actual del desarrollo del hidrógeno verde en Europa y en España. 
¿Qué ha pasado con el hidrógeno verde?
Fotograma del documental 'H2, la promesa verde'. Foto: FUNDACIÓN RENOVABLES

La transición energética de Europa se encuentra en una fase crítica. Con el objetivo de dejar atrás los combustibles fósiles y lograr la ansiada independencia industrial, la Unión Europea (con su Estrategia del Hidrógeno) y España (con su Hoja de Ruta del Hidrógeno) apostaron hace un lustro por un vector que prometía revolucionar el panorama: el hidrógeno verde. Se diseñaron estrategias multimillonarias, se proyectaron inmensos corredores transnacionales y se dibujó un futuro donde esta molécula simple alimentaría casi cualquier aspecto de nuestra economía. Sin embargo, a medida que la realidad técnica y económica se impone, el entusiasmo desmedido empieza a chocar contra el muro de la viabilidad.

Con todas estas cuestiones en el aire, la Fundación Renovables presenta H2, la promesa verde, un documental que analiza los riesgos, beneficios y posibles errores estratégicos del hidrógeno verde. Frente a grandes anuncios institucionales como el corredor H2Med —que aspira a transportar millones de toneladas de hidrógeno con un coste preliminar que podría rondar los 2.500 millones de euros—, surge una pregunta inevitable entre especialistas: ¿estamos sobredimensionando su papel?

Financiado por la European Climate Foundation, esta producción de algo más de 20 minutos cuenta con las voces del ecologismo (Marina Gros, de Ecologistas en Acción, y Bosco Serrano, de Transport & Environment), del sector empresarial (Carolina Coronado, de AIRIEMA) y de la investigación (Miguel Ángel Peña, del CSIC y la Asociación Española del Hidrógeno).

La conclusión es que el hidrógeno no sirve para todo. El núcleo de la controversia radica en la eficiencia. Producir hidrógeno verde mediante electrólisis —separando la molécula de agua utilizando electricidad de origen renovable— es un proceso costoso y que acarrea pérdidas energéticas. El documental subraya que si existe la alternativa de la electrificación directa (más económica y madura tecnológicamente), crear un combustible intermedio pierde todo el sentido.

Es aquí donde la cinta desmonta uno de los grandes espejismos promovidos en los últimos años: la idea de calentar los hogares europeos con redes de hidrógeno. Los expertos consultados advierten que sustituir las calderas de gas por hidrógeno en el sector residencial es una quimera. A nivel doméstico, las soluciones electrificadas como la aerotermia y las bombas de calor son infinitamente más eficientes, por lo que desviar un vector tan caro para uso domiciliario equivaldría a «estar quemando dinero».

Otro frente de crítica es el modelo de implantación. La construcción de megainfraestructuras transfronterizas enfoca el mercado hacia la exportación a potencias como Alemania antes de haber consolidado siquiera un consumo local. Para varios de los testimonios, esto equivale a empezar la casa por el tejado. Se asume el enorme riesgo de tejer una inmensa red de hidroductos sin garantías de que existirá oferta o demanda suficiente a corto plazo, un movimiento que algunas voces críticas ven impulsado por los intereses y planes de negocio del sector gasístico tradicional.

Pese a pinchar esta burbuja de tecnoptimismo, el documental deja claro que el hidrógeno renovable es indispensable. Su verdadero y vital nicho se encuentra en los sectores difíciles de descarbonizar mediante la electrificación, es decir, aquellos donde las baterías eléctricas no tienen viabilidad por cuestiones de peso y autonomía. Destacan el transporte pesado por carretera, el transporte marítimo de larga distancia y la aviación comercial, para los cuales los derivados sintéticos del hidrógeno son la única vía en la actualidad. Igualmente, es urgente su implementación en las refinerías, la producción de fertilizantes y la gran industria a alta temperatura, sectores que hoy consumen hidrógeno gris altamente contaminante.

El documental del think tank energético concluye que el hidrógeno verde no es una varita mágica que resolverá por sí sola la crisis climática, sino una pieza compleja dentro de un puzle mayor. A día de hoy, el debate ya no gira en torno a si la apuesta por esta tecnología es necesaria, sino sobre «dónde, cómo y a qué precio». 

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  1. Me alegra la evolución de la Fundación Renovables desde su incomprensible sectarismo reciente (https://www.energias-renovables.com/panorama/la-fundacion-renovables-califica-de-incomprensible-la-20240924) hasta una visión del hidrógeno más equilibrada como facilitador de las EERR (https://www.lavanguardia.com/economia/20260520/11543147/hidrogeno-renovable-europeo-europa-plan-reforzar-autonomia-energetica-competitividad-continente).

    La transición energética y las EERR ya tienen suficientes dificultades y/o detractores como para añadir las de sus supuestos defensores.

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