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Entre los barrios de Vicálvaro y San Blas y el municipio de Coslada, en Madrid, se ubica un ecosistema único: las lagunas de Ambroz. Dos décadas atrás, tras el cierre de una mina de sepiolita, la naturaleza retomó este lugar, que hoy alberga más de 1.800 especies de flora y fauna y hasta 12 especies protegidas. Todo eso desaparecerá con la reapertura de la mina, aprobada por el gobierno de la Comunidad de Madrid. Los primeros trabajos ya han comenzado. Como acto de protesta, cientos de vecinos y vecinas de la zona se reunieron el pasado sábado para darse la mano en una cadena humana y rodear la llamada Laguna Grande.
El punto de encuentro fue el anfiteatro de Lourdes y Mariano, en el parque de la Cuña Verde de Vicálvaro, donde se congregaron para leer un manifiesto que pedía la revocación del permiso concedido por el gobierno de Isabel Díaz Ayuso a la empresa minera Tolsa y la protección del entorno con la creación de la «Casa de Campo de Ambroz y los corredores verdes del este de Madrid». El encargado de poner voz a esta petición fue el divulgador Javier Peña.

Según los impulsores de esta iniciativa, el proceso de naturalización espontánea de esta zona no sólo debe ser protegido, sino potenciado por las administraciones. Salvar la laguna sería el primer paso de un plan aún más ambicioso. Este es, según el manifiesto, «un proyecto soñado por la ciudadanía y para la ciudadanía, que necesita que este segundo pulmón verde de Madrid siga bombeando aire limpio a la ciudad, modere sus altas temperaturas y, en definitiva, mejore la salud de todos los madrileños y madrileñas».
La reapertura de esta mina a cielo abierto precisa del desecado de la laguna, un lugar reverdecido en el que aves, anfibios, insectos y mamíferos han encontrado un hogar que será arrasado. Según un estudio coordinado por SEO/Birdlife, la protección de este humedal tiene un enorme potencial, ya que puede albergar un número de especies mucho mayor que el actual, convirtiéndolo en uno «de los espacios más biodiversos de la región de Madrid». Y la mina no es el único peligro que enfrentan: «El proyecto urbanístico de la Nueva Centralidad del Este, apoyado por el Ayuntamiento de Madrid, amenaza con destruir este preciado regalo con el que nos ha obsequiado la naturaleza. Con su protección y conservación ganamos todos. Pero si dejamos que este espacio desaparezca, perdemos todos. Por ello es ahora o nunca».

El plan aprobado por la Comunidad de Madrid prevé que la explotación minera se alargue hasta 2037, condenando a los vecinos de San Blas, Canillejas y Vicálvaro a respirar el polvo de sepiolita durante una década. «Por ello, queremos decirle a la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento de Madrid y al Gobierno de España que la Laguna Grande de Ambroz no se toca», concluía el manifiesto.

«Tenemos que arrancarle a la Comunidad de Madrid ese permiso y conseguir que este entorno esté protegido. No nos podemos permitir el lujo de prescindir de este paraje natural en la propia ciudad», añadió Quique Villalobos, presidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid, una de las muchas organizaciones adheridas al grupo de trabajo Salvar las Lagunas de Ambroz.
Los promotores de esta iniciativa han habilitado una página para firmar la petición en la que se exige la paralización de los permisos para la explotación minera, el abandono de los planes de desarrollo urbanístico que amenazan el entorno y la protección efectiva de las Lagunas de Ambroz.

