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Es la estrella de internet. El líder indiscutible de las clasificaciones (no oficiales) de animales adorables en TikTok. Regordete y tranquilo, siempre de humor para que un mono, un pato o una tortuga trepe a su lomo. Nada parece perturbar la paz del adorable capibara (Hydrochoerus hydrochaeris), también conocido como carpincho, chigüire o ronsoco. Pero, a pesar de ser una celebrity de las redes, pocos saben que bajo el pelaje áspero del roedor más grande del mundo se esconde, también quizá, un pacienzudo revolucionario.
Nativo de Sudamérica (aunque la fama lo ha llevado alrededor del mundo hasta los polémicos cafés de mascotas de Tokio), el capibara es un animal de cuerpo macizo y redondo, con patas cortas y gruesas. Su pelo es largo y áspero, pero no tan abundante como sería necesario para protegerse del sol del trópico. De hecho, es propenso a las insolaciones, por lo que tiende a revolcarse en el barro para protegerse y a refrescarse en el agua con regularidad. Y es que, aunque su nombre significa comedor de hierba en lengua tupí, el capibara es un animal semiacuático y un gran nadador. Entre sus dedos gruesos, que casi parecen pequeñas pezuñas, tiene membranas interdigitales y es capaz de bucear hasta cinco minutos sin salir a respirar.
No es de extrañar que su hábitat preferido sean los humedales, las marismas, los manglares, los lagos y los ríos, ocupando ampliamente las grandes cuencas fluviales de Sudamérica: las del río Orinoco, el Amazonas y el Río de la Plata. Necesitan un suelo firme para dormir (aunque algunos de los carpinchos influencers parecen poder dormitar en cualquier lugar) y prefieren lugares con vegetación alta y espesa que les ayuda a protegerse de sus predadores. Por eso, también, permanecen ocultos en las horas centrales del día y, en lugares con muchas amenazas, pueden llegar a ser solo de hábitos nocturnos.
El capibara es, también, un animal muy social. Forma grupos de hasta 20 individuos con una fuerte conexión entre sí, aunque en épocas de sequía, cuando los recursos y el refugio escasean, pueden vivir en comunidades de más de 100 ejemplares. Así, la comunicación es esencial en su día a día, desplegando un amplio abanico de vocalizaciones que van desde ronroneos parecidos a los de los gatos hasta ladridos para dar la voz de alarma, silbidos estridentes y gruñidos e incluso una especie de llanto. Lo que no sabemos es qué grito usaron el día que decidieron organizarse para recuperar el territorio de Nordelta, un lujoso barrio del norte de Buenos Aires.
Construido hace un cuarto de siglo en un humedal frente al delta del río Paraná, nadie disturbó la paz de Nordelta hasta la primavera de 2020. En aquellos meses, mientras los vecinos humanos se recluían en sus casas por miedo a un virus, los carpinchos empezaron a recuperar los espacios naturales de los que habían sido expulsados por la urbanización. Su población se ha multiplicado desde entonces (en Nordelta no tienen predadores) y ahora no hay quien los mueva de las zonas verdes y húmedas del barrio. Los humanos están divididos entre quienes defienden la esterilización y la expulsión gradual de los animales y quienes piden respetar su espacio. Los capibaras, mientras, siguen a lo suyo: ser adorables y acumular likes.




