Tajinaste: la biodiversidad canaria es multicolor

Las islas Canarias cuentan con 36 especies diferentes de tajinastes, de los cuales 34 son endémicas del archipiélago, destacando el tajinaste rojo del Parque Nacional del Teide, cuya floración ya ha comenzado.
Tajinaste: la biodiversidad canaria es multicolor
Tajinaste rojo. Foto: ilustración de Atxe.

Las ocho islas, los cinco islotes y los ocho roques que forman la tierra emergida de las Canarias no podían ser más diferentes y, a la vez, más parecidas entre sí. Del malpaís infinito de Lanzarote a la selva espesa de helechos gigantes de La Palma, el archipiélago concentra más ecosistemas por kilómetro cuadrado que ningún otro territorio de España. Aun así, cuando uno busca las similitudes, las encuentra: el relieve abrupto y montañoso, el clima dominado por los vientos alisios y el paisaje volcánico conectan estas cumbres que emergen del Atlántico hasta rozar los cuatro kilómetros de altura en la cima del Teide.

Quizá todo ello inspiró la evolución de una de sus plantas más emblemáticas, el tajinaste. O quizá no. Esta familia de arbustos, casi endémica de las islas (alguna especie crece también en Madeira), pasa desapercibida la mayor parte del año. Sus hojas verdes y vellosas, dispuestas normalmente alrededor de un tallo central, no levantan demasiado del suelo. Pero cuando llega la primavera, la cosa cambia. Es entonces cuando despliega un ramillete de flores de forma cónica que alcanza, en algunas especies, los cuatro metros de altura, y que parece querer imitar a los picos de las islas que se esfuerzan por alcanzar el cielo.

En cada rincón de Canarias florece, además, de un color. Está el tajinaste azul de Gran Canaria (Echium callithyrsum); el blanco, presente también en Gran Canaria, además de Lanzarote y Fuerteventura; el rosado o chico, presente de forma local en casi todas las islas, o el rojo, que tiñe las laderas del Parque Nacional del Teide. Esta última especie tiene preferencia por las altas cumbres y los terrenos escarpados, donde forma grandes extensiones floridas conocidas como tajinastales, aunque en ocasiones se puede encontrar en cotas inferiores. Además, una vez desaparecen las flores, su espiga de forma cónica permanece erguida hasta que la planta muere.

Y es que el tajinaste rojo del Teide (Echium wildpretii wildpretii) solo florece una vez en la vida. Esta especie es monocárpica, lo que significa que la planta acumula energía durante varios años hasta que está lista para alcanzar su madurez. Después estalla en una floración espectacular, se reproduce y muere. Para aprovechar al máximo su única oportunidad, las flores de tajinaste rojo contienen grandes cantidades de polen y néctar, lo que las convierte en un recurso esencial para los insectos del Teide y, también, para los productores de miel de la zona.

Las islas Canarias son el refugio de 37 especies y subespecies de tajinastes, de las cuales 35 son endémicas. No solo su forma, su adaptación a los ecosistemas volcánicos o su variedad conectan directamente con el espíritu del archipiélago. Su nombre también lo hace: la palabra tajinaste proviene del guanche, la lengua de los pueblos originarios de Canarias. Aunque no se sabe bien de qué término deriva, se cree que lo hace de tainast, que significaba aguja o aguijón, en referencia a sus hojas puntiagudas o, más probablemente, a la forma cónica de sus inflorescencias.

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