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No hay tigre que tenga más rayas que el de Java. Son negras, algo más finas de lo habitual y se acumulan sobre su pelaje naranja en mayor número que en ninguna otra especie de tigre, llegando a superar el centenar. Por lo demás, salvo pequeñas diferencias imperceptibles a simple vista, el tigre de Java se parece mucho a sus primos de Bali y de Sumatra. Las tres subespecies conforman la familia de Panthera tigris sondaica, el mayor predador de las islas de la Sonda, repartidas entre Indonesia, Malasia, Brunéi y Timor Oriental. Es el gran felino que ha dominado el archipiélago durante los últimos 10.000 años.
Su historia podía contarse en presente hasta hace nada, pero los tiempos (no solo verbales) han cambiado. El tigre de Java y el de Bali se etiquetaron como oficialmente extintos a principios del siglo XXI, mientras que en Sumatra apenas sobreviven unos 500 ejemplares. Su historia de éxito evolutivo empezó más o menos con la de los humanos, ya que se estima que conquistaron las islas de la Sonda a inicios del Holoceno, con el fin de la última glaciación, coincidiendo con la gran expansión del Homo sapiens.
Durante milenios, nuestros caminos apenas se cruzaron, pero todo cambió a partir del siglo XVII. El aumento de la población en Java llegó acompañado del aumento de la deforestación y de las tierras de cultivo, y el tigre, cada vez más arrinconado, se convirtió en un enemigo a combatir. Su caza se disparó durante el siglo XX y en los años 50 apenas quedaban ya ejemplares en libertad. Tras varias décadas sin avistamientos ni pruebas de su existencia, el tigre de Java se declaró oficialmente extinto en 2008. Su historia, sin embargo, no estaba lista para terminar aquí.
En los años que siguieron a la declaración de extinción, empezaron a llegar noticias de encuentros y de rastros del felino. Nadie quería creer en los fantasmas: habían pasado ya más de 40 años desde que se había producido el último avistamiento confirmado de tigre de Java, en el Parque Nacional de Meru Betiri, y en Java apenas quedaban lugares intactos (allí vive más de la mitad de los 280 millones de habitantes de Indonesia). Ninguna de las noticias que llegaban de este felino se pudieron comprobar, por lo que nadie daba mucho crédito a las historias. Hasta que todo cambió el 18 de agosto de 2019.
Aquel día, Ripi Yanuar Fajar, un conservacionista indonesio, estaba con cuatro amigos y todos lo vieron con claridad: había un tigre en una plantación del bosque de Sukabumi, cerca de la localidad de Cipendeuy. La reacción inmediata fue llamar a un investigador, Kalih Raksasewu, para que fuese a comprobarlo in situ. Al revisar el lugar 10 días más tarde encontró huellas, marcas de garras y, lo más importante, un único pelo de colores parduzcos, enganchado en una valla.
Tras años de análisis genético, un estudio publicado en 2024 concluyó que lo más probable es que el pelo pertenezca a un auténtico tigre de Java. Las pruebas no son definitivas, pero todo parece indicar que este felino sigue sobreviviendo en la frontera de la extinción.




