‘Vicugna vicugna’: un jersey de 5.000 euros y un símbolo de la independencia de América

Tras estar muy cerca de la extinción, la vicuña se ha recuperado gracias, en gran parte, a la gestión sostenible liderada desde las comunidades indígenas y locales.
‘Vicugna vicugna’: un jersey de 5.000 euros y un símbolo de la independencia de América
Foto: ilustración de Atxe.

“Se prohíbe, de hoy en adelante, la matanza de vicuñas en cualquier número que sea. Simón Bolívar, libertador”. El 5 de julio de 1825, el militar y político nacido en Caracas firmaba este decreto. Y, si en aquel entonces hubiese existido algo parecido a la Lista Roja de la UICN, la Vicugna vicugna habría aparecido en ella como especie en peligro de extinción. Tras siglos de caza indiscriminada por parte de los españoles (la lana de este mamífero de la familia de las llamas era, y sigue siendo, muy preciada en los mercados europeos), los números de la vicuña habían caído en picado.

Los próceres de la independencia americana, y en particular Bolívar y Manuel Belgrano, hicieron causa de la protección de este pequeño camélido, que vive solo en el altiplano andino, a más de 3.200 metros de altitud. Sin embargo, decretos como el firmado por Bolívar sirvieron de poco. Las matanzas continuaron, explotando hasta la extenuación un recurso del que la población indígena había dependido, en cierto equilibrio, durante milenios. Se llegaron a cazar 80.000 animales al año y se calcula que a mediados del siglo XX apenas quedaban unas 10.000 vicuñas repartidas en los Andes de Argentina, Bolivia, Chile y Perú.

Después entró en vigor el Convenio Internacional para la Conservación de la Vicuña (1969), se prohibió la comercialización de la especie incluyéndola en la lista CITES y la vicuña pasó a formar parte, ahora sí, de la Lista Roja de la UICN. Pero algo no acababa de funcionar. La lana de este animal de patas largas y delgadas seguía siendo muy codiciada: está entre las más finas del mundo (mide 15 micrómetros de diámetro y es apenas perceptible por el ojo humano) y su pelaje es espeso, diseñado para sobrevivir en el clima frío y seco del altiplano. Así que la caza siguió frenando durante años los esfuerzos de recuperación de la especie.

A principios del siglo XXI, Bolivia y Perú probaron un enfoque diferente y decidieron otorgarle a las comunidades locales derechos para esquilar vicuñas y vender su fibra sin cazarlas, con la idea de incentivar económicamente la gestión sostenible de la especie. Hoy se calcula que hay más de 350.000 ejemplares en libertad (se ha recuperado un 67% de la población original) y 3 de cada 4 ejemplares están en Bolivia y en Perú. Paralelamente, el comercio de lana de vicuña creció un 78% en esos dos países, llegando a superar un valor de 3,2 millones de dólares anuales. Así, la historia del pariente silvestre de la alpaca se ha convertido en un ejemplo de cómo la transformación empresarial, mediante la colaboración con gobiernos, comunidades locales y pueblos indígenas, también puede ser positiva para la naturaleza, como señala el último informe de la IPBES, publicado esta semana.

Eso no significa que el futuro de la vicuña esté libre de amenazas. La caza furtiva, los intentos de gestionar rebaños como si fuesen animales domésticos y la destrucción de los ecosistemas del altiplano ponen en riesgo la supervivencia de la especie. Pero su gran amenaza sigue estando en las presiones de la industria textil: allí donde los derechos de las comunidades indígenas sobre las vicuñas no están reconocidos o protegidos, la gestión de las vicuñas está lejos de ser sostenible y las prácticas de explotación (también las de los trabajadores locales) se siguen perpetuando. Mientras, un jersey de lana de vicuña se vende por más de 5.000 euros en el mercado del lujo.

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  1. Parques nacionales africanos.
    Cazadores “furtivos”… ¿según quién?
    La caza de elefantes puede ser chocante.
    Sin embargo, para algunos pueblos, como los bakas, puede tener una función ritual y estar ligada a la subsistencia, aunque sea poco frecuente. Los elefantes desempeñan un papel fundamental en su identidad.
    Según el investigador Simon Hoyte, los bakas usan más de 27 palabras para designar al elefante, según su edad, su sexo o su comportamiento, entre otros criterios.
    Entonces, ¿quién decide que esta caza es “furtiva”?
    Históricamente, a menudo han sido las mismas élites apasionadas por la caza deportiva.
    A principios del siglo XX, varios cazadores aristócratas europeos, preocupados por el declive de las poblaciones de los animales que ellos mismos cazaban, fundaron varias organizaciones de protección de la fauna. Para mayor diversión, la prensa británica los apodó Penitent Butchers Club: el club de los carniceros arrepentidos.
    (El príncipe Bernard de los Países Bajos fue el primer presidente de WWF (desde 1961). Gran aficionado a la caza de trofeos y figura clave de la conservación internacional)
    Incluso hoy en día, podríamos hablar de “carniceros arrepentidos”, ya que muchos de los que elaboran las políticas de conservación son ellos mismos cazadores.
    En el caso de España, ¿te suena de algo?
    (Juan Carlos I, rey emérito de España, durante una cacería de elefantes en Botsuana (2012). Hasta entonces, era presidente de honor de WWF España)
    Queda claro: las prácticas de caza de los bakas no tienen nada que ver con la caza deportiva europea ni con la caza comercial de marfil
    de la época colonial, que juntas diezmaron a los elefantes
    (unos 65.000 elefantes sacrificados al año a finales del siglo XIX).
    Tampoco tienen nada que ver con el tráfico internacional actual.
    Por lo tanto, una misma práctica puede calificarse de maneras muy diferentes:
    caza “deportiva” para algunos, “furtiva” para otros.
    Las palabras no son neutras:
    pueden convertir un modo de vida en un delito.
    La conservación se inscribe en este marco colonial…
    En este contexto, expulsar a los habitantes parece legítimo
    a los ojos de las administraciones coloniales.
    Se habla entonces de “colonialismo verde”.
    El objetivo y el mecanismo siguen siendo los mismos que en el colonialismo clásico:
    apropiarse de las tierras excluyendo a sus habitantes.
    Solo cambia la justificación:
    Colonialismo = Explotar recursos y personas
    Colonialismo verde = “Proteger” la naturaleza

    14 millones
    Esta es la cifra estimada ya en el año 2000 de personas que habían sido expulsadas de sus tierras en África en nombre de la conservación.
    Y África no es un caso aislado: políticas de conservación similares se han aplicado también en otras partes del mundo, especialmente en Asia.
    Noticias Survival Internac.

  2. LA SITUACION EXTREMA QUE ATRAVIESA LA ALONDRA RICOTI (Chersophilus duponti)
    Su canto, un gorjeo que se alterna con un silbido aflautado, finaliza con un inconfundible ‘chu-chí’. A diferencia de muchas aves, puede cantar de noche, especialmente en primavera durante la época de reproducción.
    Su nido lo construye en el suelo, un pequeño cuenco realizado con hojas, ramitas, pelos y plumas, que coloca en la base de pequeñas matas, siempre orientado en dirección contraria a los vientos dominantes.
    La población española de alondra ricotí es la única en toda Europa. Eso significa que nuestro país tiene la responsabilidad única de salvar a una especie que podría desaparecer en todo el continente.
    La alondra ricotí vive ahora mismo una auténtica carrera contra la extinción.
    Las estepas de las que dependen están fragmentándose por la intensificación agrícola, el uso de herbicidas, la instalación de infraestructuras y el abandono de los usos tradicionales del territorio. El resultado: perdemos estepa y se va reduciendo el hábitat donde esta especie puede sobrevivir.
    Por eso, esta es también nuestra oportunidad para recuperar las estepas ibéricas, uno de los ecosistemas más singulares de Europa donde se combinan grandes llanuras abiertas, clima seco y una vegetación baja adaptada a la escasez de agua.
    Debemos demostrar que SÍ se puede mantener un paisaje único, hogar de especies únicas, donde conviven naturaleza y actividad humana.
    Debemos reforzar nuestro trabajo de defensa de la alondra ricotí restaurando las estepas de las que dependen, denunciando proyectos que amenacen su supervivencia, ampliando las zonas clave de protección y promoviendo proyectos de agricultura respetuosa, entre otras acciones.
    Te necesitamos.
    Seo BirdLife

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