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Los vecinos de Pozuelo de Alarcón (Comunidad de Madrid) que luchan por evitar que se construya una urbanización de lujo en el bosque mediterráneo que rodea al municipio, un ecosistema con abundantes encinas –muchas centenarias–, alcornoques, coscojas, quejigos, pinos piñoneros y sabinas, amanecieron el jueves contrariados, con un sinsabor por una noticia que esperaban pero que no ha evitado la destrucción de una parte de esta enorme dehesa.
Por un recurso administrativo del PSOE, el Ayuntamiento, en manos del PP, ha resuelto paralizar momentáneamente los trabajos de obra, iniciados a mediados de junio. La salida de las máquinas y de los operarios ha dejado una postal desoladora: cientos de árboles talados. Los socialistas cifran en 300 los ejemplares que ya fueron cortados, un «daño ambiental ya irreparable», aún cuando el proyecto pueda paralizarse de forma definitiva.
Desde hace cuatro años, la plataforma Salvemos Montegancedo pelea por evitar «un ecocidio» en un monte de 70 hectáreas con gran densidad arbórea, un corredor ecológico y un pulmón verde único en el oeste de la Comunidad de Madrid.
«Estamos hablando de una zona silvestre que ha conservado su vegetación original, de un entorno natural que, en plena aceleración de la crisis climática, es imperdonable destruir», sintetiza Emilio Blanco, doctor en biología por la Universidad Autónoma y el Real Jardín Botánico de Madrid.
El proyecto de urbanizar este espacio natural está sobre la mesa desde abril de 2020, cuando, en plena pandemia, el consistorio tramitó la aprobación inicial de la reparcelación de la zona. Por entonces, Aedas Home y Pryconsa, dos gigantes de la construcción que se reparten gran parte de la obra privada de Madrid, presentaron un proyecto de «urbanización verde», 900 viviendas en altura y 150 chalets «sostenibles» por su «respetuosa convivencia» con el medioambiente.

El expediente se judicializó por un recurso contencioso presentado por Ecologistas en Acción y quedó sin ningún avance hasta abril de este año, cuando el Ayuntamiento, amparado en la ley Omnibus que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso aprobó en 2023 –y que faculta a los Ayuntamientos de la región a construir vivienda en suelo público dotacional en desuso para su posterior alquiler sin necesidad de realizar antes una modificación del planeamiento urbano local– aprobó el proyecto de urbanización de manera definitiva.
Con esta luz verde, los desarrolladores, a la espera de conseguir el permiso de construcción –papel que todavía no tienen–, entraron el mes pasado al bosque con las primeras retroexcavadoras y con los planos de las calles y acceso de la futura urbanización.
«En plena época de cría, la más sensible para la fauna, vallaron el perímetro de Montegancedo y comenzó la tala de decenas encinas y pinos, la eliminación del matorral y movimientos de tierra para crear grandes explanaciones y las futuras calles del complejo de lujo», denunció Ecologistas en Acción a través de un comunicado.
La organización presentó ante la Justicia una «medida cautelarísima urgente y positiva de suspensión» de los trabajos ante «el riesgo de un daño irreparable para el medio ambiente y el entorno paisajístico». En paralelo, el grupo socialista presentó un recurso de reposición para que se revea la medida.
El Ayuntamiento aceptó la petición administrativa y, en medio de un descontento social que crece y empieza a ganar las calles, resolvió este jueves la orden de paralizar las obras. «Como es lógico, la ciudadanía se ha organizado para parar este despropósito. Nosotros vamos a tomar todas las medidas necesarias para evitar este golpe al equilibrio medioambiental de Pozuelo», denunció el portavoz del PSOE, Ángel González Bascuñana.
Y agregó: «No tiene lógica alguna que este fantástico bosque mediterráneo lleno de encinas y pinos en muchos casos centenarios y con una gran riqueza ambiental acabe siendo ladrillo. Además, el proyecto ni siquiera tiene un estudio de impacto ambiental. No cabía otra opción que la paralización».
Desde la plataforma vecinal recuerdan que Montegancedo se prometió como un entorno natural de «conservación y disfrute», y que si construye en él «se perderán los importantes servicios ecosistémicos que les aporta y añadirá graves problemas de movilidad, contaminación y ruido».
Los vecinos no entienden cómo, en plena crisis ecosocial, se decide destruir la naturaleza en lugar de su protección y restauración. «Montegancedo nos duele a todos porque consideramos que es el reflejo de la política medioambiental de la Comunidad de Madrid», resume Ana Castro, portavoz de la plataforma.

La destrucción de Montegancedo, explica, es también la destrucción de Los Carriles de Alcobendas, cuyo proyecto se aprobó semanas atrás; de Boadilla del Monte (proyecto urbanístico de Boadilla Hills); de San Sebastián de los Reyes (plan de urbanismo Cerro del Baile); de Torrelodones (urbanización de lujo en la finca Las Marías); y de Villaviciosa de Odón (proyecto de desarrollo urbanístico del sector UZ4)
«Ayuntamientos en connivencia con promotores urbanísticos están depredando lo mejor de nuestra naturaleza. Es vital que los ciudadanos de toda la Comunidad de Madrid comprendan el daño irreversible que supone la destrucción de todos estos ecosistemas», implora Castro.
Los vecinos prefieren no celebrar ni entusiasmarse con la paralización de la obra. Duelen los 300 árboles talados. Y temen que en breve, si las máquinas regresan, caigan otros 700, tal como figura en el plan de urbanización autorizado por el Ayuntamiento.





La deforestación y la degradación forestal están avanzando a un ritmo alarmante. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que entre 1990 y 2020 se perdieron 420 millones de hectáreas de bosque en todo el mundo (alrededor del 10 % de los bosques que quedan en el mundo, lo que equivale a una superficie mayor que la Unión Europea). La deforestación y la degradación forestal son, a su vez, factores importantes del calentamiento global y pérdida de biodiversidad en el mundo, los dos problemas medioambientales más importantes de nuestra época. El mundo, sin embargo, sigue perdiendo cada año 10 millones de hectáreas de bosque. Los bosques también se ven gravemente afectados por el cambio climático, y se va a tener que hacer frente a muchos retos para garantizar su adaptabilidad y resiliencia en las próximas décadas.
La motosierra Milei a plena acción en los territorios españoles gobernados por sus compinches.
Denuncian la corta de encinas centenarias en la Dehesa Boyal de Cañamero
Extremadura
Se están cortando más de 105 encinas centenarias en la Dehesa de Cañamero a través de la empresa pública Tragsa.
Las cortas se realizan con el proyecto de Plantaciones y Ensayos Demostrativos del Programa de Mejora del Material Forestal de Reproducción Autóctonas de Extremadura.
La evaluación ambiental en Extremadura roza el bochorno en los últimos tiempos.
Ecologistas en Acción de Extremadura pide la paralización de las cortas y la adaptación de las obras a la supervivencia de las encinas centenarias de estas zonas, de forma compatible con el proyecto. La Junta de Extremadura debe dar ejemplo de que este tipo de proyectos se puede realizar conservando los valores existentes en los terrenos forestales y más del árbol emblemático y sagrado de la comunidad que es la ENCINA, realizando una evaluación ambiental mucho más profesional de lo que hasta ahora viene demostrando.
Denuncia la tala de 600 árboles por las obras de la línea 3 del metro en Sevilla.
En el tramo de las obras del metro que va de Pino Montano a Macarena se eliminan 600 árboles.
La tala se producen en árboles en su mayoría totalmente sanos, adultos y de buen porte.
La única explicación que vemos ante esta actuación, es no querer molestar al tráfico rodado. Es más lógico el cierre del tráfico de una vía de circulación mientras que dure la obra, y no eliminar los árboles.
Exigimos un compromiso para la conservación, cuidado y expansión del arbolado urbano frente a intereses económicos, electoralistas y mediáticos.
Los árboles aportan reducción de la temperatura ambiental, captación de CO2 y disminución de los niveles de contaminación atmosférica. Funciones trascendentales en una ciudad como Sevilla, donde los niveles de contaminación son altos y se esperan un aumento de las ya elevadas temperaturas estivales en los próximos años por culpa del cambio climático.
En un contexto de crisis ecológica cada vez más grave, la preservación del arbolado urbano es vital para garantizar el futuro de ciudades y pueblos. Se necesita un compromiso claro por parte de todas las administraciones públicas para proteger cada rincón de naturaleza que le queda a nuestras ciudades. Mientras tanto, la sociedad civil seguirá despierta, ofreciendo resistencia y reclamando sus derechos.