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Desde el tren, el paisaje urbano que muestra Puertollano (Ciudad Real) es el de una ciudad en clara transición energética. Placas solares a lo largo de kilómetros junto a chimeneas que echan humo y edificaciones mineras abandonadas. Los gases de la refinería dan un fuerte olor al término municipal e indican que has llegado a esta ciudad industrial sin puerto y con cuestas. ¿Es Puertollano una «ciudad preparada», como dice su lema, ante los riesgos de la industria? ¿Y para dejar atrás los combustibles fósiles pese a la dificultad de electrificar la industria pesada?
Desde 2007 se ubica en la ciudad el Centro Nacional del Hidrógeno, un consorcio público formado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Junta de Castilla-La Mancha. Entre sus misiones se encuentra impulsar la tecnología de este vector energético mediante la ejecución de proyectos de I+D. Su gerente, el puertollanense Miguel Ángel Fernández, destaca que la ciudad ha sido siempre líder en España tanto en la producción como en el consumo de hidrógeno. La razón es la gran demanda de este gas por parte de la refinería y la planta de fertilizantes.
«Ya no hay grandes barreras tecnológicas. Los obstáculos para expandir el hidrógeno son los modelos de negocio, la cadena de suministro, la disponibilidad de profesionales y el suministro eléctrico», apunta este ingeniero industrial y abogado. El hidrógeno no se halla disponible en la naturaleza en una forma que podamos aprovechar directamente.
Para producirlo hay que aportar energía. Esto se hace por medio de la electrólisis, un método que separa el hidrógeno y el oxígeno presentes en el agua. En este proceso siempre se necesitará más energía para separar las moléculas de la que se obtiene después al quemar o usar ese hidrógeno. Por eso hablamos de un vector energético y no de una fuente de energía.
Iberdrola cuenta en la localidad manchega, desde el año 2022, con una planta solar fotovoltaica de 100 MW para producir 20 MW de hidrógeno verde destinado a la fábrica de amoniaco que Fertiberia tiene en la ciudad. La compañía energética no ha respondido directamente a las preguntas de Climática; nos ha remitido a la información de su web. Repsol, otro gigante energético, también iba a desarrollar allí una planta de hidrógeno renovable que planeaba producir 30.000 toneladas anuales, pero el año pasado lo descartó finalmente por “inviable”.
Este verano, en contrapartida, la petrolera anunció el proyecto Puertollano Hydrogen Network (P-HYNET), una planta menos ambiciosa, con una potencia de electrólisis de 12,27 MW y una ayuda pública del Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico de casi 50 millones de euros procedentes de los fondos europeos Next Generation.
Al mismo tiempo, Hydnum Steel planea empezar a construir a finales de 2026 la primera acería «verde» de España, con 500 MW de capacidad eléctrica. El proyecto cuenta con un compromiso de inversión de 150 millones de euros del Fondo de Coinversión (FOCO), gestionado por la sociedad mercantil estatal COFIDES. «Para producir un acero verde que pueda competir con el acero fósil necesitas un hidrógeno muy barato (en torno a 6 €/kg). Y ese es sólo uno de los retos que tenemos aquí, todos enormes», advierte Carlos Bernuy-López, experto en el mercado y tecnologías de hidrógeno en la Agencia para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER), una agencia de la Unión Europea.
El precio del hidrógeno renovable (obtenido mediante una electrólisis realizada con energías limpias) se sitúa aproximadamente en unos 4 €/kg, frente a los 6 €/kg del convencional (producido a partir de gas), explica Bosco Serrano Valverde, responsable de combustibles sostenibles de Transport & Environment en España.

Miguel Ángel Fernández, director gerente del Centro Nacional de Hidrógeno, destaca que «ninguna planta de hidrógeno se ha parado. Sí que ha habido una burbuja de las expectativas, con muchos proyectos en Powerpoint, anunciados en muchos municipios en los que no había ningún cliente que fuese a consumir ese hidrógeno. Ahora los proyectos que se están financiando son principalmente donde hay refinerías», añade.
«El futuro pasa por las tecnologías del hidrógeno para conseguir autosuficiencia, pero se necesita todavía tiempo e investigación en los niveles básico e intermedio», opina un trabajador del sector del hidrógeno en la provincia de Ciudad Real que prefiere no decir su nombre. Además, este empleado denuncia «sueldos precarios y horas extras sin pagar» entre el personal que realiza doctorados y el personal técnico de universidades y centros de investigación del hidrógeno.
«En la segunda mitad de la década de 2010 –continúa– se quiso dar un impulso muy grande y muy rápido, ayudado posteriormente por la crisis del gas desatada por la invasión rusa de Ucrania. Este desembolso público llevó a muchas grandes empresas a subirse al carro pensando que iba a traer beneficios rápidamente, pero no ha sido así. De momento».
Fuerte apoyo público al hidrógeno
La Unión Europea ha destinado a España 393 millones de euros en las tres subastas de subvenciones a proyectos de producción de hidrógeno. Dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la UE, más de 17 millones de euros en tres años se han destinado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para «establecer, incorporar y afianzar al hidrógeno verde como una solución para la electrificación del sistema energético nacional, la descarbonización del transporte y la industria». Los objetivos del Gobierno de España eran conseguir entre 300 MW y 600 MW de potencia de electrólisis en 2024, y llegar a 4 GW en 2030. El objetivo de 2024 estuvo lejos de lograrse: en toda Europa la potencia fue de 308 MW, de los que solo 38 correspondieron a España, poco más del 10% del objetivo menos ambicioso.
«No estamos en contra del hidrógeno verde ni de sus proyectos. Estamos en contra de la especulación y de lo mucho que hay de burbuja a su alrededor», explica Luis Domínguez, coordinador de Ecologistas en Acción en Huelva. Quien sí se muestra claramente a favor de estos planes, porque «buscan descarbonizar sectores que serían muy difíciles de descarbonizar de otra forma», es el ya citado Bernuy-López. Este químico, doctor en Ciencias de Materiales y embajador del hidrógeno verde en la Asociación Internacional para la Energía del Hidrógeno, destaca la magnitud de los proyectos y su alto coste, algo normal al ser los primeros de este tipo. «No podemos obviar la gran necesidad de apoyo público. Pero eso no significa que sean proyectos que no se puedan llevar a cabo», añade.
Hay quien considera greenwashing o ecopostureo que compañías tradicionales de combustibles fósiles como Repsol y Moeve (la antigua Cepsa) apuesten ahora por el hidrógeno. Desde Transport & Environment (T&E), en cualquier caso, quieren introducir un matiz: hay que distinguir entre usar hidrógeno renovable simplemente para sustituir el hidrógeno que ya se utiliza en una refinería y usar hidrógeno para otros fines que permitan realmente reducir emisiones. En el primero de los casos, afirman, la utilidad climática es «mínima porque el producto final continúa siendo un combustible fósil».
T&E es una federación europea de oenegés que promueven el transporte limpio y sostenible. Bosco Serrano, su responsable de combustibles en España, afirma que el hidrógeno renovable tiene ciertamente «un papel en la transición energética, pero no funciona como una solución universal». Puede valer en determinados casos donde no llegue la electrificación directa, como el acero, la producción de amoniaco para fertilizantes o el transporte por mar. Lo mismo ocurre con el metanol para el sector marítimo y el queroseno sintético para la aviación, destaca Serrano.
Puertollano y su comarca, que pierden población, afrontan una nueva transición energética. A finales del siglo XIX comenzó la explotación de sus minas de carbón, una etapa que terminó en 2000 con el cierre de la mina María Isabel. En 2016 cerraron también la termoeléctrica Elcogas y la planta del lavadero de carbón de Encasur. La industria petroquímica permitió a la ciudad mantener su pujanza, aunque también dejó tras de sí un aire contaminado, paro y emigración. Ahora, el hidrógeno renovable podría convertirse en una nueva oportunidad mientras el gas fósil pierde peso. Entre cancelaciones como la de Repsol, realidades como la de Iberdrola e incógnitas como la acería verde y P-HYNET, el papel del hidrógeno está todavía por definir.
* Este trabajo ha sido realizado con el apoyo de Journalismfund Europe.

* Artículo actualizado el 17 de septiembre para corregir las cifras de €/kg.

