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La Comisión Europea asegura que “el futuro es eléctrico”, pero esta semana ha terminado por ceder ante lo que el sector del automóvil llevaba meses reclamando: un cambio de guion en la hoja de ruta hacia la descarbonización. Bajo el paraguas del nuevo ‘Paquete de Automoción’, Bruselas ha presentado una revisión de los estándares de dióxido de carbono (CO₂) que, en la práctica, entierra el fin definitivo del motor de combustión interna previsto inicialmente para 2035. “Este paquete será un salvavidas para la industria automovilística europea”, señala Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo de Prosperidad y Estrategia Industrial.
Lo que Ursula von der Leyen ha calificado como un marco «ambicioso pero pragmático» supone una cesión ante las presiones de los grandes fabricantes europeos. El Ejecutivo comunitario sustituye la prohibición de venta de coches emisores por un nuevo objetivo: una reducción del 90% de las emisiones del tubo de escape a partir de 2035.
La letra pequeña de la «flexibilidad»
Este margen del 10% restante cambia radicalmente el panorama industrial y ambiental de la próxima década. Según la propuesta, este porcentaje podrá compensarse mediante el uso de acero bajo en carbono Made in Europe, o mediante combustibles sintéticos (e-fuels) y biocombustibles.
La consecuencia directa es que la tecnología de combustión no desaparecerá de los concesionarios dentro de diez años. El paquete garantiza un papel continuado para los híbridos enchufables (PHEV), los extensores de autonomía y los híbridos ligeros, diluyendo la apuesta única por el vehículo eléctrico puro –y, en menor medida, el hidrógeno–.
El documento apela a la «neutralidad tecnológica» para justificar esta marcha atrás, ofreciendo, además, un salvavidas a corto plazo: mecanismos de «acumulación y adelanto» (banking & borrowing) para los objetivos de 2030-2032, lo que permitirá a las marcas jugar con sus cuotas de emisiones para evitar multas millonarias.
Menos exigencia para las furgonetas
El frenazo en la ambición climática es especialmente notable en el segmento de las furgonetas, donde la electrificación avanza a un ritmo más lento. La Comisión ha decidido rebajar el objetivo de reducción de emisiones para 2030 del 50 al 40%, reconociendo las dificultades estructurales del mercado.
Para compensar esta relajación en la oferta, Bruselas establecerá objetivos obligatorios nacionales para que las grandes empresas renueven sus flotas con vehículos de cero y bajas emisiones. “Dado que los vehículos de las empresas recorren más kilómetros al año, esto también se traducirá en una mayor reducción de las emisiones”, defiende la CE.
Ayudas millonarias y proteccionismo
El paquete no solo incluye relajación normativa, sino también inyección económica bajo una premisa clara: proteger la industria europea frente a la competencia (principalmente china). En este sentido, el nuevo plan de automoción promete recortar la burocracia para ahorrar al sector unos 706 millones de euros anuales. Asimismo, se lanza el Battery Booster, dotado con 1.800 millones de euros, para intentar crear una cadena de valor de baterías 100% europea y reducir la dependencia externa. Y, finalmente, se otorgarán «supercréditos» antes de 2035 a los fabricantes que pongan en el mercado coches eléctricos pequeños y asequibles, siempre que sean producidos en la UE.
«Europa se mantiene a la vanguardia de la transición limpia global», ha asegurado Von der Leyen. Sin embargo, el mensaje que envía este paquete es que la velocidad de esa transición ya no la marca únicamente la urgencia climática, sino la capacidad de adaptación y la rentabilidad de la industria automotriz tradicional.




