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Nacieron hace 100 años con una idea que se mantiene hoy en día: aprovechar de forma ordenada y rigurosa los recursos hidráulicos. Un real decreto aprobado el 5 de marzo de 1926 creó las Confederaciones Sindicales Hidrográficas, un modelo de gestión del dominio público hidráulico por demarcación que, en un primer momento, también fueron una forma de financiar el coste tan elevado de las obras de regulación de caudal y uso. Un siglo después, el cambio climático ha dejado desactualizados unos planes hidrográficos en los que la adaptación a los tiempos que vienen es pura retórica, según las expertas.
Julia Martínez, directora técnica de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA), recalca que el Estado siempre ha tenido competencias exclusivas en ello. En el año 2000 llegó un cambio con la aprobación de la Directiva Marco del Agua (DMA), cuya vocación es “tomar medidas para proteger las aguas tanto en términos cualitativos como cuantitativos y garantizar así su sostenibilidad”, según explica la web del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
La especialista de la FNCA apunta que, de esta forma, el objetivo principal de las confederaciones hidrográficas dejó de ser la satisfacción de la demanda para pasar a ser el uso sostenible del agua y la recuperación y mejora del estado de nuestros ríos, acuíferos, deltas y estuarios. “Ahora mismo en las confederaciones conviven varias almas. Hay una sección más nueva que busca aplicar la directiva, pero otros departamentos funcionan igual que hace un siglo. No podemos decir que el funcionamiento interno de las confederaciones hidrográficas esté adaptado a la DMA y mucho menos al cambio climático”, se explaya Martínez.
Si quieren lograrlo, desde la fundación defienden que la planificación hidrológica debería tener más peso en el organigrama de las confederaciones. “Los planes hidrológicos deberían ser los principales instrumentos de adaptación al cambio climático en materia de agua”, sostiene su directora técnica, quien añade que, por el momento, tan solo se habla de cambio climático para decir que pronto habrá menos agua. “Cuando hay que analizar alternativas o decisiones que comportan una reducción de la asignación de agua, ahí el cambio climático ni está ni se le espera”, comenta.
El futuro pasa por la armonización
Las confederaciones hidrográficas son muy pertinentes como instituciones, considera Annelies Broekman, investigadora del grupo de Agua y Cambio Global de Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF), que también piensa que uno de los problemas que enfrentan es “una herencia de un enfoque muy ingenieril”. Desde su punto de vista, este modelo de gestión del agua adolece de espacios reales en los que dirimir qué políticas tomar y en los que estuvieran presentes todos los afectados por la planificación.
“Podríamos saber cuántas hectáreas de regadío son posibles permitir antes de afectar al medio, cuánto incremento de la impermeabilización por urbanismo podemos tolerar antes de incrementar el riesgo de inundaciones o qué zonas del río podemos liberar o restaurar sus infraestructuras”, ejemplifica.
Por eso, considera que “el agua no se puede gestionar solo desde el agua”, y necesita de la coordinación de otras áreas, como agricultura y pesca. “Lo hemos visto en tiempos de emergencia. Con la dana todos aprendimos lo que significa la falta de planificación y la gestión del riesgo coordinado”, ilustra. Broekman propone mayor peso técnico, y no tanto político, en los espacios de toma de decisión.
Armonización es la palabra clave que esta investigadora utiliza al responder qué se puede hacer para adaptar el uso del agua al cambio climático. Ella conoce bien lo que sucede en Catalunya, donde las estimaciones sitúan entre el 10 y el 30% la reducción del agua en los caudales para los próximos años. “La planificación tendría que centrarse en satisfacer las demandas existentes con hasta un 30% de agua menos. Ya está. Es así de sencillo”, subraya. La especialista del CREAF, además, incide en que “este comportamiento excéntrico del clima y del agua será la norma, no la excepción”.
Hacia un posible “colapso hidrográfico”
Erica González Briz, miembro del área de Agua de Ecologistas en Acción, ve pertinente la existencia de estas confederaciones que no trocean la gestión de un río y sus afluentes, sino que lo centralizan. Sin embargo, tiene algunas críticas a su gestión: “Pensamos que los caudales ecológicos establecidos son insuficientes porque no garantizan la calidad ni el buen estado ecológico de los ríos”. En este sentido, las demarcaciones del sur son las más afectadas debido al regadío intensivo.
Esta especialista admite que se ha producido cierta mejora en las últimas décadas, aunque la sobrexplotación de las cuencas “sigue siendo tremenda”. Asimismo, critica que las confederaciones no presten más atención a los efectos del cambio climático. “No sé si tanto por las inundaciones que vendrán o porque cuentan con agua que no existe”, duda en referencia a la disminución del agua en los caudales por el incremento de temperaturas.
González menciona el concepto “colapso hidrográfico” por la confluencia de diversos factores: “Se junta que tenemos menos agua, pero no se reducen sus concesiones, se hace un seguimiento muy pobre en cuanto a su uso ilegal y se sobrexplotan los ecosistemas acuáticos. Ahora ha habido lluvias, pero si vinieran un año o dos de sequías, los ecosistemas se tensionarían mucho”, asegura.
Las consecuencias del cambio climático están claras. Desertización y danas son dos de ellas. “Las confederaciones podrían ser más contundentes a la hora de señalar las construcciones en terreno del dominio público hidráulico y zonas inundables”, finaliza la integrante de Ecologistas, quien enfatiza que otro reto a superar es la cooperación entre administraciones, ya que las competencias a la hora de edificar son municipales.





LOS GRANDES PROBLEMAS DE LA INDUSTRIA PORCINA EN EL AGUA. (El informe se centra en Dinamarca; pero este problema afecta a todos los países donde prolifera la industria porcina)
«Ni siquiera puedo saber si fue nitrato en el agua lo que me hizo sentir mal. Pero sé que el riesgo existe, porque eso es lo que dice la investigación. Y cuando pienso en mi padrastro, Jørn, que murió de cáncer de colon, y en todos los demás en Aalborg que están afectados, simplemente no entiendo por qué los políticos llevan años observando sin más.»
Christian también ha tenido cáncer de colon. Esta mañana salimos con él a colgar pegatinas en Aalborg. Christian también ha tenido cáncer de colon. Su padrastro, que también vivía en Aalborg, murió a causa de ella.
En las pegatinas hay grandes símbolos rojos de peligro, que se reconocen por la parte trasera de botellas químicas. Y el texto de advertencia dice:
«Beber agua aumenta el riesgo de cáncer colorrectal debido a la contaminación por nitratos de la industria porcina»
En más de la mitad de los pozos de agua potable de Dinamarca se encuentran ahora residuos de pesticidas. Los PFAS —los químicos eternos de los que el cuerpo nunca podrá eliminar— se filtran en el agua subterránea. Lo mismo ocurre con los nitratos procedentes del estiércol agrícola, que se asocia con un riesgo significativamente mayor de cáncer colorrectal.
Aalborg es una especie de epicentro de la contaminación por nitratos. La ciudad tiene el mayor contenido de nitratos en el agua potable del país, más de tres veces el nivel que un grupo internacional de expertos acaba de recomendar como nuevo límite, ya que el nitrato aumenta el riesgo de cáncer de colon, entre otras cosas.
El agua potable ha llegado a ese punto en la agenda aquí en las elecciones parlamentarias. Nueve de cada diez votantes apoyan la prohibición de los fumigadores, y varios partidos se han comprometido a hacer algo serio.
envía un correo electrónico a lbowey@greenpeace.org con tu nombre y dirección, y nosotros te los enviaremos.