El ‘efecto Adamuz’: casi la mitad de los usuarios se plantea abandonar el tren o ya lo ha hecho

A la inseguridad generada por los últimos accidentes se le suman otros factores como el precio, los retrasos o la falta de información, según un barómetro elaborado por el instituto 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER.
El ‘efecto Adamuz’: casi la mitad de los usuarios se plantea abandonar el tren o ya lo ha hecho
Manifestación en el centro de Barcelona para reclamar mejoras en el servicio ferroviario público tras los accidentes ocurridos en Cataluña y Andalucía. Foto: Eric Renom / SOPA Images.

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Los accidentes ferroviarios de Adamuz, que se cobró la vida de 46 personas, y el de Gelida (Barcelona), donde un maquinista perdió la vida, han supuesto un antes y un después para muchas personas que usan habitualmente este medio de transporte vital en la descarbonización de la movilidad.

Según el último barómetro de 40dB. para El País y la Cadena SER, el impacto psicológico del siniestro es masivo: casi la mitad de los usuarios habituales (un 44,7%) se plantea dejar de viajar en tren o ya ha optado por otros medios de transporte tras la tragedia. El 55,3% restante no ha dejado de usarlo ni se lo plantea. Además, el 58% afirma sentir “poca” o “ninguna” confianza en el sistema ferroviario actual.

Para la encuesta se realizaron 2.000 entrevistas entre el 30 de enero y el 2 de febrero.

Un sistema al límite

Aunque la investigación de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) apunta a un fallo en la infraestructura –una posible soldadura defectuosa–, el malestar social va mucho más allá de este evento puntual. Los accidentes de Adamuz y Gelida parecen haber actuado como el catalizador de años de frustración acumulada.

El informe revela que las quejas no se limitan a la seguridad: el 68,4% de los usuarios de cercanías denuncia retrasos y cancelaciones constantes y el 61,5% en el caso de los usuarios de trenes de media/larga distancia y alta velocidad. Asimismo, el 63% de las personas que usan Cercanías critica la saturación en horas punta y un 60% lamenta la falta de información ante incidencias.

Si el tren deja de ser fiable, el coche privado y la aviación –con su enorme huella de carbono– recuperan el terreno perdido. El tren es la herramienta más eficaz para reducir emisiones a gran escala. Sin embargo, la percepción de inseguridad (señalada por el 45% de las personas encuestadas) y la degradación del servicio están empujando a la ciudadanía de vuelta a otros medios de transporte. Para la transición ecológica, este trasvase de viajeros es una noticia catastrófica.

El precio, otra queja recurrente

Esta fuga de pasajeros no es un fenómeno espontáneo, sino el resultado de una brecha creciente entre la narrativa oficial y la experiencia diaria en el andén. Mientras el Ministerio de Transportes defiende que «el tren vive en España el mejor momento de su historia», los datos del barómetro sugieren que la inversión no está llegando a la capilaridad del sistema. La sensación de un servicio «al límite» se traduce en cifras: un 79% de los viajeros de larga distancia admite que las incidencias constantes los han obligado a buscar alternativas, lo que supone un golpe crítico a la intermodalidad sostenible.

El barómetro de 40dB. también pone el foco en el precio (58% de descontento en los usuarios de AVE). La llegada de la competencia (Iryo, Ouigo) prometía democratizar la alta velocidad, pero la realidad para el usuario de a pie es un sistema de precios dinámicos que a menudo hace que el tren sea prohibitivo, mientras que el Cercanías y la Media Distancia –quienes sostienen la movilidad cotidiana– languidecen por falta de inversión en comparación con el AVE.

Este desequilibrio es, en última instancia, una barrera ecológica. Si el tren se percibe como un lujo caro o una ruleta rusa de retrasos y fallos, el incentivo para abandonar el coche desaparece. De la encuesta se desprende una gran conclusión: recuperar la seguridad y la puntualidad es una medida de emergencia climática.

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