En busca de la inteligencia mínima

Un laboratorio de la Universidad de Murcia trata de encontrar el denominador común de todas las inteligencias que habitan este planeta, por muy diferentes que sean entre sí.
En busca de la inteligencia mínima
Foto: Steven Lek.

Los chimpancés de la región del Congo han desarrollado una técnica precisa para cazar termitas. Primero usan un palo resistente para excavar un túnel profundo en la tierra dura y llegar a la colonia de insectos. Después, cogen el tallo de una planta determinada y lo deshacen con sus dientes para formar una especie de cepillo que usan a modo de caña de pescar para capturar termitas en el agujero que acaban de cavar.

Pero su inteligencia va todavía un poco más lejos: este conocimiento no surge de forma espontánea en todas las poblaciones de chimpancés, sino que ha ido extendiéndose a lo largo del tiempo con los intercambios entre grupos. Según concluye un estudio de la Universidad de Zurich publicado a finales del año pasado, estos simios se transmiten su cultura y sus avances de forma no muy distinta a como hacemos los humanos.

Es difícil dudar de la inteligencia de los chimpancés. También de la de los orangutanes (y sus conocimientos médicos) y de la de los delfines y su capacidad de resolver problemas complejos. Quien haya pasado un buen rato con un perro, tampoco dudará de las capacidades intelectuales de los cánidos. Pero, ¿es inteligente un pulpo? ¿Y un abejorro? ¿Y una planta?

“Cuando buscamos inteligencia en otros seres, normalmente estudiamos aquellos que más se parecen a nosotros, los Homo sapiens. Observamos a los simios y a otros mamíferos. Pero nuestra estrategia es la opuesta: estudiamos a quienes se parecen menos a nosotros”, explica Paco Calvo, director del Laboratorio de Inteligencia Mínima de la Universidad de Murcia. “Porque cuando encontremos a alguien que sin parecerse a nosotros en absoluto sea capaz de resolver problemas, entonces quizá encontremos una llave maestra que nos sirva para entender la inteligencia de cualquier rama del árbol de la vida”.

El laboratorio que dirige Calvo es una institución particular, a medio camino entre la ciencia y la filosofía, un centro que busca determinar qué entendemos exactamente por inteligencia y definir qué seres vivos pueden mostrar signos de ella. El título del libro publicado por Calvo en 2023, Planta sapiens (Seix Barral), ya nos dice por dónde van los tiros.

En busca de las señales universales de inteligencia

¿Una planta trepadora es inteligente? La primera respuesta que nos viene a la cabeza es: no, obviamente. Pero quizá no somos lo suficientemente inteligentes para entender las otras inteligencias con las que compartimos el planeta. El problema principal que enfrentan los científicos que estudian la inteligencia es librarse de su propia visión humana, es decir, intentar no usarse a sí mismos como varas de medir. Si un ser vivo se comunica como nosotros, resuelve problemas como nosotros o incluso es capaz de imitar nuestro comportamiento, es inteligente. Pero esa no tiene que ser la única forma válida de serlo.

“Nos resulta mucho más fácil pensar en ChatGPT como algo inteligente que una planta, solo porque somos capaces de mantener una conversación con él”, señala Calvo. “Pero ser inteligente no significa eso. Tampoco va de tener neuronas, ni siquiera de ser capaz de desplazarse. Por eso intentamos buscar ese denominador común, esas señales de que existe una sintiencia y una inteligencia, sean cuales sean las estrategias evolutivas que han llevado a ese ser vivo a ser lo que es”.

Para Calvo, hay tres señales mínimas, tres comportamientos que nos pueden indicar que estamos ante un ser inteligente: la capacidad de integrar todos los estímulos que recibimos en un momento determinado y generar una respuesta, la capacidad de anticipar una situación y la capacidad de perseguir un objetivo. “Nosotros no vemos la inteligencia de forma directa, tampoco la nuestra, sino que vemos un comportamiento e inferimos si es inteligente o no. Si tú me ves golpearme contra la pared 23 veces, pensarás: ‘Paco parece un poco tonto’. Pero si cambio de estrategia para esquivar el obstáculo, pensarás que soy inteligente”, explica Calvo. “Con las plantas pasa lo mismo”.

La primera de las señales de inteligencia es la integración sensorial, es decir, la capacidad de responder en base a multitud de estímulos de forma integrada. Si una planta recibe luz y genera siempre la misma respuesta, podríamos estar ante una reacción automática. Pero si la respuesta es diferente en cada situación, se adapta al contexto en base a la luz, la temperatura, las sustancias químicas en el aire y en la tierra, la fuerza de gravedad o las amenazas, todo procesado al mismo tiempo, podemos entender que no estamos frente a algo automatizado.

“Eso no significa que haya alguien a los mandos de la nave de la planta, que es una forma en la que solemos pensar en la inteligencia. Pero es que en nuestro cerebro tampoco hay nadie a los mandos”, añade Calvo. “Lo que esto significa es que una planta es capaz de integrar información y proporcionar respuestas flexibles que se adaptan a la situación. Tal como hacemos los mamíferos, pero también las aves, los reptiles, las bacterias o los hongos. Y eso es una forma de exhibir inteligencia”.

Otra de las señales es la capacidad de responder de manera anticipada, es decir, que las respuestas no sean solo reacciones a algo que pasa, sino también a algo que va a pasar en el futuro. De la misma manera que somos capaces de entender la trayectoria que va a seguir una pelota y prepararnos para recibirla, los demás seres inteligentes también pueden, de alguna forma, anticipar el futuro. “Esta capacidad es esencial para una planta, que no es capaz de reaccionar con rapidez ni de moverse. Tiene que entender en qué dirección debe crecer en base al desarrollo futuro de los acontecimientos, a cómo va a cambiar su objetivo”, explica el biólogo cognitivo.

Y aquí entra en juego la tercera clave: la conducta guiada a metas. Dicho en otras palabras, una conducta inteligente no puede ser ir dando palos de ciego hasta que se alcanza el objetivo, sino debe estar claramente dirigida a esa meta. En el Laboratorio de Inteligencia Mínima analizan los movimientos de plantas trepadoras con técnicas de timelapse, les hacen fotos de forma regular y continuada, y luego las ponen a cámara rápida para estudiar sus movimientos a una escala comprensible para el ser humano. Y ahí aflora la inteligencia.

“Ahí vemos que la planta controla su patrón de crecimiento, va en una dirección hasta que se aproxima al soporte y, cuando está cerca, se frena un poco, para alcanzarlo de forma controlada. Y si en ese momento cambiamos el soporte de sitio, la planta modifica su patrón de crecimiento. Todo esto requiere un control interno y una conducta anticipatoria y flexible”, detalla Calvo. “La planta tiene que estar al loro igual que un animal, igual que nosotros mismos. Cuidado, que pasan cosas, que las situaciones cambian”.

Además de mediante fotografías, otra de las formas que usan para estudiar a las plantas en el Laboratorio de Inteligencia Mínima es analizar las señales eléctricas que recorren su interior. Porque las plantas no tienen neuronas ni conexiones sinápticas, pero eso no quiere decir que no exista una comunicación interna. “Podemos estudiar estos impulsos eléctricos y entender qué respuestas generan. Cambia la escala temporal, cambian los iones y cambian los tejidos, pero hay un sistema de comunicación en el que incluso encontramos muchos de los neurotransmisores que tenemos nosotros”, añade el investigador.

Un espejo frente al que repensar nuestra propia inteligencia

La comunicación de las plantas no solo funciona de forma interna, sino también en dirección a los demás seres vivos. Por ejemplo, son capaces de emitir señales de alerta ante la presencia de un predador para que las demás plantas se preparen. Algunas incluso generan señales químicas que atraen a otros depredadores capaces de acabar con la amenaza. Además, la respuesta de las plantas depende de cada individuo, es decir, tienen algo que podríamos llamar personalidad.

“Una planta no es un robotito preprogramado que siempre va a contestar de la misma manera. Dos plantas que tienen una historia de aprendizaje distinta o están en contextos distintos responden de forma diferente. No son personalidades como las humanas, pero son personalidades”, explica Paco Calvo. “Además, en el caso de las plantas es difícil saber dónde empieza y acaba el individuo, porque su inteligencia es muy descentralizada. No pueden salir corriendo para preservar sus órganos, como nosotros, por lo que su estrategia es no tener nada esencial localizado en un punto concreto. Por lo tanto, podemos entender cada planta como una colectividad”.

Y esa colectividad se extiende también más allá de la planta, ya que las comunidades vegetales exhiben también comportamientos colectivos. Para el investigador, todo esto nos hace replantearnos nuestra propia inteligencia. “Una bandada de estorninos o un banco de peces muestran un comportamiento colectivo complejo, pero no hay nadie al mando. Muestran propiedades emergentes, donde el todo es más que la suma de las partes. Todo está interaccionando con todo y de eso emerge un patrón, sin que haya un director de orquesta”, añade.

“Esto nos sirve para repensarnos a nosotros mismos. No vale decir que tenemos claro cómo somos y que las plantas son de otra manera. Tenemos que repensar en qué consiste la inteligencia humana”, concluye el investigador. «Los seres humanos somos más descentralizados de lo que creemos. Pensemos por ejemplo en la conexión de la microbiota intestinal con el cerebro. Creíamos que nuestras decisiones partían solo del cerebro y en realidad existe una autopista de información que nos comunica con el intestino y con multitud de microorganismos que no son humanos pero que están igualmente a los mandos de la nave. Nuestra conducta, de alguna manera, también es el resultado emergente de multitud de interacciones”.

Si te gusta este artículo, apóyanos con una donación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Siguiente artículo

Artículos relacionados