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La anguila europea es una rareza. En más de un sentido. Es una especie que atraviesa cuatro fases muy diferentes a lo largo de su vida, que es capaz de cruzar el Atlántico cuando apenas es una larva, que nace y muere en el mar, pero vive en los ríos, y que después de muchos años es capaz de volver al lugar donde nació, en el mar de los Sargazos, para reproducirse y terminar sus días. Es, también, un pescado que sigue llenando los platos de los restaurantes más exclusivos a pesar de estar casi extinto: por cada 100 angulas que llegaban a las costas europeas antes de 1980, hoy llegan solo 10.
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) anunció la semana pasada que propondrá a las comunidades autónomas declarar la anguila especie en peligro de extinción dentro del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE). Desde el Ministerio señalan que existen criterios científicos sólidos para convencer a las comunidades de la protección de esta especie.
Estíbaliz Díaz es una de esas personas que ha dedicado buena parte de su vida a reunir ese conocimiento científico. Doctora en Biología por la Universidad del País Vasco e investigadora principal en el área de gestión pesquera sostenible del centro de investigación marina y alimentaria, Díaz es también, desde inicios de año, presidenta del grupo de trabajo de anguila del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES, por sus siglas en inglés).
En el caso de las especies pesqueras, cada grupo de trabajo del ICES evalúa el estado del stock y aconseja a la Comisión Europa sobre las posibilidades de pesca. La Comisión traslada después esta información al Consejo, que toma la decisión final sobre cuotas pesqueras. “En el caso de la anguila, nos juntamos expertos de toda su área de distribución, que es muy amplia. Cada uno aporta los datos de su país, ponemos esos datos en común y hacemos una evaluación del estado de toda la población”, explica Díaz.
La situación de la anguila europea es delicada. Desde 2008, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la cataloga como “En Peligro Crítico”. Y, desde el año 2000, el ICES recomienda no pescarla. ¿Por qué se siguen capturando anguilas y angulas cada año a pesar de una recomendación científica tan clara?
El papel del grupo del ICES es dar consejo científico, no tomar decisiones. Estas se toman en el Consejo de Ministros, que no solo tiene en cuenta el consejo científico, sino también otros criterios.
Pero en vuestros consejos se incluyen, desde hace tiempo, medidas como la prohibición de la pesca, la recuperación de ecosistemas o la eliminación de barreras. ¿Qué medidas sí se han aplicado y cuál ha sido su efecto en la especie?
En 2007, la Comisión Europea publicó un reglamento que obligaba a los Estados miembros a elaborar los planes de gestión de la anguila. El objetivo era conseguir el 40% del escape prístino, es decir, lograr que llegase al mar al menos el 40% de las anguilas plateadas, que es la fase de la anguila que tiene que regresar al mar de los Sargazos para reproducirse, en comparación con una situación sin influencia humana. Los Estados miembros proponen las medidas y cada tres años se hace una evaluación.
En el último informe, de 2025, vimos que, tras 15 años de implementación de medidas, no se ha conseguido revertir la situación de la especie. En la mayoría de las cuencas el escape prístino está muy por debajo del 40% y la mortalidad por causas antrópicas (como pesca o turbinas de las centrales hidroeléctricas) sigue estando por encima, en general, de los límites que serían compatibles con ese 40% de escape.
Es decir, a pesar de las medidas que se hayan podido implementar no se ha alcanzado una gestión sostenible del stock.
No, no se ve una tendencia de mejora en la biomasa de la especie.
En el contexto europeo, ¿es la situación de la anguila en España especialmente delicada?
La anguila europea constituye una única población. Una anguila plateada que sale de Noruega puede reproducirse en el mar de los Sargazos con una anguila que sale de España. Es decir, solo existe un stock único interconectado genéticamente.
Estas anguilas se reproducen en el mar de los Sargazos y llegan a nuestras costas en forma de larva, donde se transforman en angula. El número de angulas que entra en cada cuenca, lo que llamamos el reclutamiento, depende de la biomasa total de la especie. Eso quiere decir que el reclutamiento no solo depende de lo que hagamos cada uno en nuestra cuenca, sino de lo que está pasando a nivel general.
Lo que sí varía en función de la gestión local es el número de anguilas que vuelven al océano respecto al número de angulas que entran en la cuenca. Si hay mucha mortalidad pesquera o por turbinas en una cuenca, esta relación será peor. Por eso, el objetivo de los gestores debe ser conseguir maximizar el número de anguilas que salen respecto a las que entran.
Si observamos las tasas de reclutamiento también hay diferencias por zonas. En el mar del Norte está en un 0,7% de la media anterior a los años 80. Es decir, que por cada 100 angulas que llegaban antes de 1980, hoy llegan 0,7. En el resto de Europa, llevamos un tiempo por debajo del 10%, aunque el último año estuvimos en un 12,1%.
La tasa de escape prístino, el número de anguilas que vuelve al océano a reproducirse, ¿se mide también de forma local?
Los planes de gestión de anguila designan unas unidades de gestión de la especie en cada territorio. En España, estas se hicieron de acuerdo a las comunidades autónomas. Cada tres años, cada unidad de gestión proporciona información sobre, entre otras cosas, la tasa de escape. No hay ninguna unidad de gestión en España que llegue al objetivo del 40% de escape. De hecho, la mayoría están por debajo del 10%.
¿Cómo valora el reciente anuncio del MITECO de reactivar la tramitación para la protección especial de la anguila?
Desde el ICES no podemos valorar ese tipo de cosas. Nosotros emitimos un consejo científico y no entramos en si se siguen las recomendaciones o no.
Pero llevan 25 años proponiendo que se prohíba la pesca, entre otras medidas para proteger la especie. Incluir la anguila europea en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE) supondría un refuerzo sustancial del marco legal de protección de la especie.
Yo tengo una opinión al respecto, pero como presidenta del grupo de anguila del ICES cumplimos un papel es dar consejo científico, no de valorar decisiones políticas.

Por ahora, la anguila se sigue pescando en varios puntos de España. ¿Hay países o zonas que haya prohibido por completo su captura?
Cuando se obligó a los Estados miembros de la UE a elaborar planes de gestión de la anguila, hubo países como Irlanda que cerraron la pesquería por completo. En Andalucía también está cerrada desde 2010. Algunos incluso antes: Bélgica prohibió la pesca comercial en 2006 y Portugal cerró la pesca de angula en 2001, con la única excepción del tramo internacional del río Miño. Hay más ejemplos de cierres parciales y de limitaciones muy estrictas.
¿Puede tener la prohibición en un territorio un efecto positivo en toda la población europea, aunque se siga pescando en otros lugares?
Cada angula o anguila que no se pesca es una opción más de que un ejemplar llegue a reproducirse. Cada medida destinada a reducir la mortalidad antropogénica tiene un efecto positivo. Cuantos más sitios tomen medidas así, más fácil será que se consiga la recuperación de la especie.
Los colectivos de pescadores han mostrado su oposición al anuncio del MITECO. Sostienen que la pesca no es el principal problema de la anguila y apuntan a otros factores como las presas, la contaminación o el cambio climático. ¿Qué peso real tiene la pesca dentro del conjunto de amenazas?
No tenemos las causas del declive de la anguila cuantificadas y jerarquizadas. Ni nosotros, ni nadie. En primer lugar, hay efectos que no son cuantificables. Podemos saber cuántas anguilas se han perdido por la pesca, pero es muy difícil saber cuántas se han perdido por la destrucción del hábitat. Sobre todo, si tenemos en cuenta que hablamos de una población que va desde el norte de Marruecos hasta Noruega.
En segundo lugar, para poder dar esta respuesta necesitaríamos tener información detallada en absolutamente todas las cuencas, y no la tenemos. La situación de la anguila no se debe a un único factor, sino a una suma de factores entre los que está la sobrepesca, la pérdida de hábitat debido a la construcción de pesas, la pérdida de la calidad de ese hábitat, la presencia de un parásito(Anguillicola crassus) y la contaminación, que tiene un efecto más crónico.
De hecho, cuando desde el ICES emitimos nuestro consejo, no solo hablamos de pesca, sino que también decimos que hay que reducir cualquier mortalidad antrópica y trabajar en restaurar los hábitats.
¿Es realista hablar hoy de una pesquería sostenible de la anguila?
Esa es la pregunta más relevante. ¿Existe hoy en día una pesquería sostenible de la anguila? La respuesta es que no. Da igual cuáles hayan sido las causas de mayor peso en el declive de la especie, la realidad es que hoy en día no existe una pesquería sostenible.
Me gusta referirme al caso del País Vasco. En Guipúzcoa, en los años 80, habían desaparecido prácticamente todas las especies que comparten su ciclo de vida entre agua dulce y agua salada por el mal estado de los ríos. Todas, menos la anguila, que parecía soportar mejor la contaminación. Hoy en día la situación ha cambiado y han vuelto el salmón, el sábalo o la lamprea, pero la anguila sigue en declive. Es decir, hay algo más que el estado de los ecosistemas o la presencia de barreras.
Hoy no existe una pesquería sostenible de la anguila, pero ¿podría llegar a existir?
Nosotros, en el centro de investigación marina y alimentaria AZTI, calculamos qué niveles de reclutamiento, qué cantidad de angula que llega a cada cuenca, permitirían mantener una explotación sostenible de la anguila. Concluimos quesería necesario tener entre el 40 y el 50% de los niveles previos a 1980. Y estamos en el 10%. Cuando el reclutamiento llegue a niveles más altos, podremos plantearnos volver a abrir la pesquería y que esta sea una pesquería sostenible.
¿Existe alguna medida especialmente urgente para ayudar a la anguila a recuperarse?
Necesitamos actuar en todos los frentes a la vez, porque es probable que cerrar las pesquerías no sea suficiente. Lo que sí pasa es que hay algunas medidas que tienen un efecto mucho más inmediato que otras. Una anguila que no se pesca es un individuo más que puede contribuir a la población, pero la recuperación de un hábitat tiene un efecto más a largo plazo. Creo que, de manera inmediata, hay que eliminar cualquier mortalidad causada por el ser humano, ya sea pesquera o provocada por las turbinas de las centrales. Y al mismo tiempo hay que seguir trabajando en la restauración de hábitats y la eliminación de barreras en los ríos.
A pesar de todo lo que sabemos sobre el declive de la anguila, ¿qué grandes incógnitas siguen abiertas? ¿Hay factores que podrían estar infravalorados?
Hay factores de los que desconocemos el efecto, como el cambio climático. Las angulas, las larvas, nacen en los Sargazos y llegan hasta nuestras costas tras atravesar todo el Atlántico. El cambio climático está provocando cambios en las corrientes, por lo que afecta a las dinámicas de la población, pero no sabemos bien cómo. Justo acabamos de publicar un trabajo en el que demostramos que, aunque la mayoría de las angulas sigue llegando al golfo de Vizcaya, como hasta ahora, se está produciendo un desplazamiento hacia las islas británicas.
También tenemos nuevas amenazas, como las especies exóticas invasoras. En el Mediterráneo, el cangrejo azul está ocupando el mismo hábitat que la anguila, pero desconocemos el efecto que puede tener sobre la población de la especie. En otras palabras, tenemos que seguir investigando.
Si no se actúa con medidas más drásticas, si la situación sigue como hasta ahora, ¿qué escenario enfrentará la anguila europea en 10 o 20 años?
No me gusta predecir el futuro, sobre todo, porque hay varios factores que están sin cuantificar. Pero me gustaría resaltar que, desde el punto de vista de la gestión, el desconocimiento no nos puede llevar a la inacción. Sobre todo, si tenemos en cuenta que las medidas tomadas hasta ahora no están dando resultados claros. Todo indica que se deben tomar medidas adicionales de protección de la anguila.




