Descubiertas en los años 90, en los tres océanos mayores se encuentran cinco zonas flotantes de acumulación de residuos, mayoritariamente plásticos. Se calcula que la más grande de ellas casi triplica el tamaño de Francia. Hasta hoy, ninguna nación se ha hecho cargo en primera línea del problema.
La petrolera Shell en el punto de mira por sus proyectos de compensación de carbono, el delicado estado del Parque Nacional de Doñana o una nueva encuesta sobre la preocupación climática son algunas de las noticias que cuentan hoy los medios.
Ecoembes, formada por grandes compañías, es la encargada de gestionar los envases domésticos en el contenedor amarillo y azul en España. Ahora está siendo investigada por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) por posible abuso de su posición de dominio en el mercado tras la denuncia de una empresa.
Un artículo reciente concluye que ya se ha sobrepasado el límite planetario de los contaminantes ambientales, una de las mayores amenazas para seres vivos y ecosistemas. Sus autores proponen establecer un sistema de cuotas fijas para la producción y la liberación de químicos, similar al Acuerdo de París y las emisiones de gases que impulsan el cambio climático.
El proyecto de Boyan Slat pretende limpiar el plástico de los océanos. Tras tres años de trabajo, las cuentas no salen: harían falta 200 dispositivos trabajando sin descanso durante 130 años para recogerlo todo. Y eso sólo si cesaran los vertidos.
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