Ante una emergencia climática, las personas con discapacidad se ven más afectadas y, como resultado, tienen más probabilidades de fallecer. Su vulnerabilidad se puede reducir diseñando políticas climáticas de adaptación más accesibles y, sobre todo, dejando de subestimar su capacidad de participación social.
El valle del Ahr, la región alemana más afectada por las lluvias extremas e inundaciones del verano pasado, se recupera poco a poco de la catástrofe gracias al altruismo, la cooperación y la solidaridad de vecinos y voluntarios.
“El feminismo impregna la actividad humana cotidiana y responde a los desafíos actuales: cómo producimos y distribuimos los recursos, y cómo nos relacionamos con el resto de personas y ecosistemas”, explica Sandra Sotelo Reyes en este artículo.
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