El portavoz de AEMET, que muestra tristeza ante las críticas políticas, es rotundo: «Apuntar a la ciencia puede calar en algunas personas, generar desconfianza y que, cuando se emitan avisos meteorológicos por una situación grave, no estén lo suficientemente preparadas para actuar».
El nuevo cauce del Turia —construido después de la riada que anegó València en 1957 para evitar futuras catástrofes— sirve ahora de frontera entre dos mundos, porque cruzarlo supone entrar en una dimensión diferente, la del caos y el desastre tras el paso de la DANA.
Abel López, investigador de la Cátedra de Reducción de Riesgos de Desastres de la ULL, insta a mejorar en materia de prevención y lamenta que las “actividades económicas” siguieran abiertas a pesar de los avisos de AEMET sobre la DANA.
Un primer análisis rápido de un grupo de especialistas internacionales confirma lo que se intuía: el calentamiento global impulsado por los combustibles fósiles hizo que la DANA fuese más destructiva.
Los servicios de emergencia siguen trabajando en tareas de desescombro. Y, aunque la DANA está perdiendo intensidad, doce provincias continúan aún en alerta por precipitaciones.
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