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Mientras los Estados miembros de la Unión Europea diseñan planes de transición ecosocial para reducir drásticamente sus emisiones y contener el calentamiento global, las infraestructuras aeroportuarias avanzan en una dirección diametralmente opuesta. Así lo demuestra el último informe publicado por la federación europea Transport & Environment (T&E), a la que pertenece Ecologistas en Acción, que revela que las ampliaciones previstas en 20 de los mayores aeropuertos de Europa multiplicarán entre dos y tres veces su cuota justa del presupuesto de carbono, es decir, la cantidad máxima de dióxido de carbono (CO₂) que el sector puede emitir para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París.
El informe subraya una realidad crítica: con el crecimiento actual, la aviación europea agotará este mismo año todo su margen de emisiones para limitar el calentamiento a 1,5 °C. Por ello, el estudio evalúa un escenario algo más permisivo de 1,7 °C, advirtiendo que, incluso con ese límite ampliado, el presupuesto se agotará igualmente en 2033. La «cuota justa» es simplemente la porción exacta de ese presupuesto que le corresponde a cada aeropuerto. Si una infraestructura gasta por encima de lo que le toca, obligará a realizar recortes drásticos a otros sectores —como la agricultura, la industria o la calefacción doméstica— para compensar su exceso.
España, a la cabeza del crecimiento fósil
En este escenario de exceso, los aeropuertos españoles lideran el crecimiento de emisiones en toda Europa. Pese a la urgencia climática, el gestor aeroportuario Aena contempla la ampliación simultánea de 12 de sus infraestructuras más importantes. El foco principal se sitúa sobre cuatro gigantes: Madrid-Barajas, Barcelona-El Prat, Palma de Mallorca y Málaga-Costa del Sol. En 2025, estos cuatro aeródromos ya representaron el 66% de las emisiones de los vuelos con salida desde España.
Las modelizaciones del estudio apuntan a que la ampliación de estas cuatro infraestructuras inyectará a la atmósfera 35 millones de toneladas (Mt) de CO₂ adicionales a las ya previstas, una cantidad equivalente a las emisiones generadas por toda la economía de Portugal en un año. Solo el proyecto de Madrid-Barajas —que persigue los 90 millones de pasajeros anuales— sumará 23 Mt de CO₂ extra durante los próximos 25 años, superando la totalidad de las emisiones del transporte aéreo nacional de 2025. Como consecuencia, aeropuertos como el de Málaga agotarán su presupuesto de carbono en apenas ocho años.
Para mantenerse dentro de los límites seguros, cada aeropuerto español debería estar reduciendo sus emisiones en torno a un 11% anual desde hoy mismo. Sin embargo, la hoja de ruta oficial persigue aumentar exponencialmente la capacidad.

El mito del «tecnooptimismo» y la falsa promesa de los combustibles limpios
Tanto las aerolíneas como los propios gestores aseguran a los gobiernos que es posible aumentar el tráfico de pasajeros sin comprometer los objetivos climáticos gracias a los combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) y a aviones más eficientes. El análisis de T&E desmonta esta narrativa: todos los aeropuertos analizados superarán su límite de emisiones incluso en los escenarios de mayor implantación de estas tecnologías y mejoras en los motores.
«El aumento del tráfico aéreo mediante la construcción de nuevas pistas y la ampliación de las terminales anula cualquier beneficio derivado del uso de combustibles más limpios o de motores eficientes. Ninguna mejora tecnológica podrá cerrar esa brecha a tiempo», advierte Bosco Serrano, responsable de combustibles sostenibles de T&E España.
La realidad física es que no existen materias primas verdaderamente sostenibles en los volúmenes que demanda el crecimiento desmesurado del sector.
Impacto continental: turistificación y riesgos legales
Este problema, no obstante, no es exclusivo de España. El informe analiza 10 países y concluye que el proyecto del nuevo aeropuerto de Lisboa (Alcochete) y la expansión del de Oporto son los que más se desvían en Europa, sobrepasando en 2,8 veces su presupuesto de carbono. Dublín les sigue de cerca con un exceso de 2,6 veces. En conjunto, las expansiones planeadas en los aeropuertos europeos añadirán 225 millones de toneladas de CO₂ a las emisiones actuales.
Además del impacto climático, el crecimiento del transporte aéreo está agravando la crisis habitacional. El informe subraya que el turismo de masas impulsado por la aviación dispara los precios de los alquileres para los residentes locales, un fenómeno ya crítico en ciudades altamente dependientes del turismo en Europa Occidental. Paralelamente, los gobiernos que autoricen estas ampliaciones se exponen a un creciente riesgo de litigios climáticos, siguiendo la estela de sentencias históricas como la del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra Suiza.
Reducción de vuelos y fiscalidad justa como única salida
Desde T&E y Ecologistas en Acción exigen la cancelación inmediata de las ampliaciones aeroportuarias que excedan su cuota justa y el establecimiento de presupuestos climáticos vinculantes por infraestructura, una vía que ya se han empezado a modelizar en lugares como Países Bajos.
«Se necesita planificar una limitación y reducción progresiva de vuelos como instrumento real, no solo para alcanzar los objetivos climáticos, sino también para reducir otros impactos como la contaminación del aire, el ruido y la turistificación de territorios», subraya Pablo Muñoz, portavoz de Ecologistas en Acción.
A esto debe sumarse el fin de las exenciones fiscales históricas que, denuncian, dopan artificialmente al sector. Las organizaciones recomiendan gravar adecuadamente el queroseno, aplicar el IVA a los billetes e incluir todos los vuelos internacionales en los mercados de derechos de emisión (ETS) de la Unión Europea. Los fondos recaudados deben redirigirse a financiar alternativas limpias y a priorizar el ferrocarril en todas las rutas en las que este medio suponga una alternativa realista.

