Fin al genocidio en Gaza ya y fin a los fósiles para 2030

En el contexto del movimiento internacional en apoyo a Palestina, dos estudiantes de la Universidad de Lisboa escriben este artículo de opinión que conecta el genocidio en curso en Gaza con la explotación de recursos fósiles, pilar del mismo sistema responsable de la crisis climática.
Un joven palestino llena una garrafa de combustible sentado en una moto en una gasolinera en Jan Yunis, en el sur de Gaza, en enero de 2015. Foto: REUTERS / Ibraheem Abu Mustafa

Escriben Camila Lobo y Catarina Bio.

En el contexto de un levantamiento estudiantil internacional, nosotras y otros estudiantes portugueses hemos ocupado la Facultad de Psicología de la Universidad de Lisboa para exigir el fin del genocidio en Gaza y el fin del sistema fósil. Nos unimos así a las diversas facultades europeas ocupadas bajo el lema «Fin a los fósiles, fin al genocidio». Estas reivindicaciones, aparentemente separadas, representan una lucha común: el fin de un sistema que antepone los beneficios a las personas.

El genocidio en curso en Palestina es la máxima expresión del proyecto colonial sionista. La industria fósil está estrechamente vinculada a la perpetuación de los regímenes de dominación colonial. El control y la explotación de los recursos fósiles es una de las principales causas en la mayoría de las guerras y genocidios contemporáneos, normalmente creados o alimentados por la propia industria fósil, que se beneficia directamente de ellos. En Gaza, más de 34.000 personas han sido ya masacradas y más de 76.000 heridas a manos del Estado de Israel con el apoyo de la industria armamentística occidental. En estos momentos, 1,5 millones de palestinos están atrapados en Rafah, sometidos a los bombardeos y a la invasión terrestre del ejército israelí.

La naturaleza colonial y la orientación expansionista del Estado de Israel sirven a los intereses imperialistas de Occidente y reportan beneficios. No es un proyecto del pueblo judío, que no puede confundirse con la secta que construye el Estado colonial israelí. El sionismo no representa al pueblo judío y equiparar a ambos sólo sirve para fomentar el antisemitismo. La ocupación de Palestina, con la complicidad de la comunidad internacional, siempre ha estado vinculada a la explotación de recursos fósiles: son bien conocidos los intereses del imperio británico en la
explotación de carbón durante su mandato en Palestina, una historia que se repite hoy con los proyectos de explotación de gas en Palestina por parte del Estado sionista y sus socios internacionales. De hecho, apenas tres semanas después de que comenzara la masacre de Gaza, Israel ya anunciaba nuevos proyectos de exploración de gas fósil frente a las costas de Gaza.

Este mismo sistema capitalista, que antepone el beneficio a la vida, es el que está produciendo la crisis climática. Si no abandonamos los combustibles fósiles en los plazos científicos previstos –es decir, si no garantizamos el fin de los combustibles fósiles para 2030–, pasaremos varios puntos de no retorno que sellarán la muerte de cientos de millones de personas. La escasez de agua, el calor extremo, las malas cosechas y los desastres meteorológicos extremos, a los que ya se enfrentan muchas poblaciones, también formarán parte de nuestra vida cotidiana.

Mientras todo esto ocurre, los gobiernos y las instituciones que se supone que nos representan ignoran y agravan estas crisis y nos envían a estudiar para un futuro que no tendremos mientras vemos cómo miles de estudiantes como nosotros son masacrados. Las instituciones están optando por condenar el futuro de todos. Ante su total inacción, sólo nos queda subir de escala y actuar. La justicia climática no se hará realidad sin justicia para Palestina. La liberación de Palestina exige el fin del colonialismo fósil y de todas las formas de opresión, extracción y explotación imperialistas. Y la vida de todos, desde Lisboa hasta Gaza, depende de que se ponga fin a los combustibles fósiles, a más tardar, en 2030.

Camila Lobo es estudiante de doctorado en Filosofía y miembro del coletivo Estudantes por Justiça na Palestina en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Nova de Lisboa.

Catarina Bio es estudiante de Derecho en la Universidade de Lisboa y miembro del colectivo Greve Climática Estudantil Lisboa.

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  2. El asesinato de 143 periodistas en Gaza no conmueve a la Falsimedia internacional.
    La Oficina de Prensa en Gaza informó hoy que al menos 143 periodistas y trabajadores del sector de comunicación fueron asesinados por el Ejército israelí desde el comienzo de su guerra el 7 de octubre último. El ejército israelí también atacó y destruyó a decenas de sedes de instituciones de la prensa. Sin embargo, los medios occidentales y la enorme mayoría de periodistas no parecen consternados por el hecho. La presencia financiera de Israel y el sionismo en muchas corporaciones de prensa internacionales (matrices de cientos de medios) genera en los periodistas miedo a perder el empleo y ni se manifiestan ni hay un repudio general al gobierno de Netanyahu.
    FREE ASSANGE, LIBERTAD PABLO GONZALEZ YAGÚE, ellos no son delincuentes, sino testigos de sus crímenes.
    STOP THE GENOCIDE AGAINST PALESTINIAN JOURNALISTS

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