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Entre octubre de 2025 y febrero de este año, el colectivo animalista ARDE se infiltró en una granja de engorde de cerdos situada en Castellote (Teruel). Sus grabaciones, a las que ha tenido acceso Climática, incluyen imágenes que muestran insalubridad, maltrato animal y cerdos vivos que conviven junto a cadáveres, algunos de los cuales presentan indicios de canibalismo. Además, la documentación que aparece en los vídeos indica que la granja –que cambió de dueño a finales de noviembre– ha trabajado durante el periodo documentado por ARDE –que ha llevado el caso a la Fiscalía– con dos grandes empresas cárnicas: Frigoríficos Costa Brava, con el que tuvo relación hasta finales de 2025, y Mazana, con quien mantiene relación comercial actualmente. Ambas poseen el sello de bienestar animal Welfair, un certificado que también acaba de solicitar la propia granja.
Tras la difusión de las imágenes grabadas por ARDE, técnicos veterinarios de la Oficina Comarcal Agraria (OCA) de Alcorisa (Teruel) llevaron a cabo el miércoles 18 de marzo una inspección en las instalaciones denunciadas. Según explicaron a este medio fuentes del Gobierno de Aragón, no se han detectado irregularidades «ni en materia de bienestar animal ni en el ámbito sanitario». Además, les «consta un estado óptimo de higiene en cada uno de los corrales», añadieron.
Actualmente, según las mismas fuentes, la explotación cuenta con unos 910 cerdos, de los cuales tres están apartados por enfermedad. También señalan que «la gestión de los cadáveres se realiza de manera correcta y de acuerdo con la normativa vigente».
En conversaciones con este medio, el actual propietario de la granja Ganados La Yruela reconocía el pasado martes el mal estado de algunos de los animales y la presencia de ratas y restos óseos, los cuales atribuía al anterior dueño. En cuanto a imágenes difundidas por ARDE en las que se ve que un hombre propina patadas a unos cerdos, afirmaba que no se trata de él, sino de la persona que gestionaba antes la finca.
Hasta finales de año, la granja de Castellote mantenía una relación comercial con Frigoríficos Costa Brava S.L, propiedad de Costa Brava Mediterranean Foods. Posteriormente, coincidiendo con el cambio de propietario, la explotación de engorde pasó a trabajar con el Grupo Mazana, una de las diez empresas más grandes del sector a nivel nacional. Según datos de su web, en 2023 obtuvo una facturación de más de 550 millones de euros.
Según las imágenes de ARDE analizadas por Climática, Mazana –ubicado en Huesca– gestiona la logística, el suministro de alimento y la supervisión veterinaria de la explotación a través de su modelo de integración vertical al menos desde finales de noviembre de 2025. De hecho, se han documentado albaranes con el suministro de vacunas en enero y de pienso en febrero de este año. Asimismo, la relación laboral ha sido confirmada por una persona de Mazana a eldiario.es.
Desde este medio hemos intentado ponernos en contacto con Mazana en repetidas ocasiones y por distintas vías, pero no hemos obtenido respuesta al cierre de esta edición. También hemos vuelto a contactar con el dueño de la granja, quien nos ha derivado a un supuesto «amigo» suyo. Esta persona no ha querido confirmar ninguna información.
Tanto Frigoríficos Costa Brava como Mazana son poseedores del sello Welfair, una certificación independiente gestionada por el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), dependiente de la Generalitat de Catalunya. No obstante, quien no posee ningún certificado actualmente es la granja en cuestión. Así lo confirma la propia Welfair, quien detalla que la explotación dejó de estar certificada en noviembre de 2025, sin especificar el motivo. «El nuevo propietario ha iniciado el proceso de certificación en marzo de 2026 a través de una entidad de certificación independiente», indican. En este sentido, Welfair asegura que esta mañana ha llevado a cabo una auditoría de manera no anunciada para determinar si cumple con los requisitos para obtener el sello.


Un riesgo para la salud pública
El material audiovisual, obtenido por ARDE y analizado por la veterinaria Laura Barreda Marín –quien redactó un informe pericial–, describe violaciones sistemáticas de la normativa de bienestar y sanidad animal. Según esas imágenes, en las naves de la explotación, los cerdos vivos convivían en el período de la investigación con cadáveres en avanzado estado de putrefacción, esqueletos y cráneos esparcidos por los pasillos. Esta acumulación de restos, por su estado de sequedad, sugerían meses de abandono e incumplimiento de la ley. Poco tiempo después, la inspección del Gobierno regional no ha hallado rastros de estas pruebas.
Asimismo, según la documentación, se evidenciaba una falta de bioseguridad: las instalaciones estaban infestadas de ratas y moscas muertas que flotaban en los bebederos, mientras larvas de gusanos cubrían parte del suelo. Los animales sufrían patologías crónicas sin tratamiento, como hernias abdominales de gran tamaño, abscesos que supuraban pus y cojeras graves que les impedían incorporarse. Además, se documentó el maltrato activo por parte de operarios que pateaban repetidamente a los animales en la cara para trasladarlos.
Añadido al maltrato, el informe pericial advierte de que la granja, tal y como se mostraba antes de la inspección regional, suponía un riesgo grave para la salud pública, ya que la convivencia de animales enfermos con cadáveres y plagas de roedores favorece la proliferación de zoonosis como la leptospirosis, la salmonela, la gripe porcina o la triquinosis.
El informe también destaca que el uso de antibióticos en condiciones higiénicas tan deficientes promueve la aparición de resistencias bacterianas peligrosas para los consumidores. El grupo Costa Brava Mediterranean Foods asegura en su web que sus granjas están «libres de antibióticos» y que cumplen con las normativas más exigentes. Sin embargo, como se desprende de las imágenes y documentos obtenidos por el colectivo animalista, en la granja existía supuestamente suministro de antibióticos, hecho que quedó consignado en el diario de la explotación, y se hallaron cajas de antibióticos dentro de la misma.
Respecto a todo esto, Welfair señala «los animales que presentan lesiones o patologías incompatibles con los estándares sanitarios no acceden a la cadena alimentaria».





Ecologistas en Acción presenta una guía con 30 experiencias exitosas de ganadería respetuosa con el entorno y las personas.
Esta guía es el resultado de un trabajo colectivo para construir y visibilizar proyectos que ya están en marcha y que cuidan la vida: la de las personas, la de los animales y la de los ecosistemas.
Recoge 30 iniciativas ganaderas que demuestran que es posible producir alimentos desde una perspectiva ecosocial, clave para la transición necesaria en este contexto de emergencia ecológica.
Pajaretillo en Andalucía, Ecofes en Aragón, La Jara en Canarias, Pasturabosc en Catalunya, Las Lucías en Extremadura o Casa de Fonte en Galiza son algunos de los ejemplos que se incluyen en la guía.
Todas las experiencias pueden encontrarse también en este mapa interactivo.
Ecologistas en Acción ha publicado “La ganadería del futuro, aquí y ahora”, una guía que contiene 30 experiencias reales sobre prácticas ganaderas que buscan construir un modelo más justo y ecológico, y poner en el centro a quienes manejan ganaderías sostenibles “con coherencia, compromiso y arraigo territorial”.
Esta publicación no incluye un listado completo de experiencias, sino una selección que busca el equilibrio en cuanto modelos de manejo, territorios y composición social. Nace con varios objetivos interconectados: inspirar a otras personas ganaderas, informar a la ciudadanía, orientar a las administraciones públicas y facilitar el vínculo entre consumidoras y consumidores con proyectos responsables.
En sus páginas se exponen historias concretas: ganaderas y ganaderos que cuidan el monte mientras pastorean, que recuperan razas autóctonas, que venden directamente a su comunidad, que se organizan en redes y cooperativas, que entienden su labor no como una mera actividad económica sino como un servicio ecosocial. En palabras de Nacho Escartín, portavoz de Ecologistas en Acción, “personas que han elegido un camino más complejo, pero profundamente coherente”.
Para la organización ecologista, la transformación del sistema agroalimentario no es solo un reto técnico sino un proyecto político, cultural y comunitario. “Requiere recursos y voluntad, pero también reconocer que la transición ya está ocurriendo. En pueblos y territorios diversos, hay personas que sostienen día a día un modelo basado en la justicia social, la salud de los ecosistemas y el bienestar animal”, añade Escartín…
https://www.ecologistasenaccion.org/364634/ecologistas-en-accion-presenta-una-guia-con-30-experiencias-exitosas-de-ganaderia-respetuosa-con-el-entorno-y-las-personas/
Los titulares hablan de economía. De granjas cerradas. De millones de euros en pérdidas. Los medios hablan de la gripe aviar, la peste porcina africana, la dermatosis nodular, los jabalíes contagiados, de 900 explotaciones afectadas solo en la Comunitat Valenciana. Exportaciones bloqueadas en 40 países. Un sector que factura más de 8.500 millones de euros al año que tiembla ante las pérdidas.
Todo eso es real, y merece atención…
… pero hay otra historia que nadie cuenta. La de los millones de animales que viven hacinados en esas granjas, en condiciones que ningún ser sintiente debería soportar. Medicados de forma sistemática. Sin espacio. Sin luz natural. Sin nada que se parezca a una vida digna. O tragedias como que en Cataluña se quiere acabar con la mitad de los jabalíes en su territorio.
Cuando el virus entra, la respuesta es siempre la misma: matarlos a todos. No tratarlos. No protegerlos. Eliminarlos, como se elimina un trasto viejo que ha dejado de ser útil.
Mientras los medios discuten pérdidas comerciales, hay algo más que se está perdiendo: la oportunidad de hacer la pregunta correcta. ¿Por qué seguimos apostando por un sistema que origina estas crisis una y otra vez?
Los científicos llevan años advirtiendo: el modelo de ganadería industrial es una fábrica de epidemias. Confinamiento extremo, resistencia bacteriana, presión sobre los ecosistemas. El caldo de cultivo perfecto.
Y cuando el sistema falla, siempre hay alguien a quien culpar que no puede defenderse. Esta vez les ha tocado a los jabalíes. Señalados como portadores del virus, convertidos en el problema. La solución que se propone: matarlos masivamente.
Llevamos décadas viendo cómo eso no funciona. La caza descontrolada no reduce poblaciones: las desequilibra, las acelera. Pero es más fácil apuntar las armas a los seres más vulnerables que cuestionar la existencia de las granjas industriales.
Las epidemias no son accidentes: son consecuencias. Que detrás de cada «crisis sanitaria» hay millones de seres vivos a quienes el sistema trató como recursos desde el primer día y con negligencia el resto de sus cortas vidas. Que la respuesta no puede ser siempre contener, sacrificar, indemnizar y seguir igual.
Y que hay alternativas reales: reducir la ganadería industrial, apostar por modelos más pequeños y sostenibles… o mejor: por proteínas alternativas sin sufrimiento animal. Hay que dejar de financiar con dinero público un sistema que nos enferma a todos, humanos y no humanos.
No es una posición cómoda. Pero es la única honesta.
Considera cambiar tus hábitos y apostar más por las proteínas vegetales y hacia el fin de las macrogranjas.
Aïda Gascón, AnimaNaturalis.