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Este artículo es parte de Covering Climate Now, una colaboración periodística global dedicada a reforzar la cobertura del cambio climático por parte de medios y periodistas.
Como probable próximo secretario de Estado, Marco Rubio tendrá una influencia significativa sobre cómo figura el clima (si es que lo hace de alguna manera) en los acuerdos de Estados Unidos con el resto del mundo. El veterano senador por Florida reconoce que el cambio climático está ocurriendo, pero piensa que la humanidad solo debe pensar en adaptarse a la amenaza y no trabajar para detenerla.
En una columna de opinión publicada en 2019, Rubio rechazó el imperativo científico de reducir el uso de combustibles fósiles, argumentando que una serie de soluciones de adaptación, tales como la rehabilitación de arrecifes de coral, serían suficientes para mitigar la mayoría de impactos climáticos. Soluciones más agresivas, afirmó, como aquellas alineadas con la ciencia y apoyadas por los Demócratas, serían demasiado caras y no funcionarían de todas maneras.
En el Senado, Rubio ha votado consistentemente contra legislaciones climáticas y de energía limpia, incluyendo la Ley de Reducción de la Inflación (Inflation Reduction Act). A lo largo de su carrera, distintas compañías petroleras y gasistas han donado más de 1,7 millones de dólares a sus campañas.
Rubio ha llamado al Acuerdo de París “una broma sin gracia” y es probable que, como jefe de la diplomacia estadounidense, no ponga trabas a que Trump saque al país del mismo por segunda vez.
Bajo la administración demócrata, Estados Unidos ha jugado un papel constructivo, aunque no totalmente ambicioso, en las negociaciones climáticas globales. Ahora es de esperar que el país pase a estar ausente (puede que incluso a ser antagonista) en las cuestiones climáticas que han dominado el discurso global en los últimos años: si los países van a “eliminar gradualmente” o “reducir” el uso de combustibles fósiles, o cuánto deben pagar los países ricos a los empobrecidos.
De igual manera, en las relaciones directas entre los Estados Unidos y otros países, el actual secretario de Estado, Antony Blinken, ha manifestado con frecuencia la necesidad de cooperación en cuanto a clima, incluso en casos en los que las relaciones en otros ámbitos sean tensas, como ocurre con Rusia o China. Con Rubio, el cambio climático dejará de ser una preocupación principal para dejar hueco a otros asuntos.
En 2022, el político dijo a sus compañeros de partido que “la amenaza más grave que hoy enfrenta América, el desafío que definirá este siglo y a cada generación aquí representada, no es el cambio climático […] La amenaza que definirá este siglo es China”.




