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3,5 millones de personas viajaron a Japón el pasado mes de marzo. Degustar un buen plato de ramen o perderse en los pasillos de las tiendas de manga son algunos de los mil motivos para visitar el país nipón. Pero una buena parte de todos esos visitantes que eligieron marzo para viajar tenían una idea en mente: hacerse una foto con los cerezos en flor. Disfrutar de la sakura es, sin embargo, mucho más que una tendencia en Instagram. Es una tradición milenaria que celebra la belleza de lo efímero, un marcador del tiempo y un símbolo de identidad nacional y memoria colectiva. Y es, también, una forma de medir los efectos del cambio climático.
De acuerdo con la Agencia Meteorológica de Japón, los cerezos de Tokio han florecido en los últimos 5 años durante la segunda mitad del mes de marzo. En 2025, el pico de máxima floración se alcanzó el 4 de abril, 7 días antes que en 1975. Si nos vamos más atrás, la tendencia sigue: en 1925 el pico se alcanzó 14 días antes. En 1540 fueron 28 días antes. Y en el 1084, 36 días antes. Pero, ¿quién estaba anotando fechas hace mil años?
La floración de los cerezos es algo tan importante para la cultura japonesa que influyó en artistas de todo el mundo, como Vincent van Gogh, Claude Monet o Marianne North. A nivel nacional existen todo tipo de registros de este evento desde al menos el siglo 9. Rescatando los datos de diarios, poemas, pinturas o registros oficiales, los científicos japoneses han logrado reconstruir más de 1000 años de floraciones, constatando que el cambio climático ha adelantado la aparición de la sakura en el último siglo.
La ecología histórica
El caso de Japón no es único. Todo lo que sea conocer la ecología, el clima o la biodiversidad de una zona antes de principios del siglo XX casi siempre implica rebuscar datos fuera de los registros oficiales. De entre los diferentes enfoques y formas de recopilar esta información, la ecología histórica indaga en toda la variedad de fuentes históricas, artísticas y arqueológicas para rastrear cómo era la biodiversidad en el pasado y cómo este conocimiento puede contribuir a conservarla hoy. Un equipo de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) acaba de publicar un artículo en el que identifica ocho tipos de fuentes históricas que pueden ser valiosas para obtener datos sobre especies, ecosistemas y la relación humana con la naturaleza.
“Hace ya algunos años que se está desarrollando la ecología histórica, por lo que nos interesaba ver qué fuentes de información se pueden usar. Mucha gente piensa a lo mejor en las colecciones científicas de los museos o en material arqueológico. Pero hay investigadores que usan cuadros y otros que buscan en la tradición oral”, explica Laetitia Navarro, investigadora de la Estación Biológica de Doñana y primera autora del artículo. “Nosotros, por ejemplo, estamos trabajando con los diccionarios geográficos, que se remontan a una iniciativa de Felipe II para conocer qué se cultivaba o qué se pescaba en cada pueblo. No es una base de datos completa, pero sí una fuente de información riquísima desde finales del siglo XVI”.
Los datos de las fuentes históricas, sin embargo, no se recogieron, escribieron ni pintaron pensando en los científicos del siglo XXI. Es necesario trabajar con ellos, ponerlos en contexto y reconstruirlos para que sean útiles. “No es algo que pueda hacer un biólogo, requiere un trabajo interdisciplinario, en el que colaboren expertos de muchos campos”, añade Navarro. “Además hay que tener en cuenta que son datos incompletos y, muchas veces, sesgados. Por ejemplo, los diccionarios geográficos no tienen información de todas las especies, solo recogen datos de aquellas que interesaban al ser humano”.
¿Sirven los datos del pasado para cambiar el presente?
La caza de la tortuga verde del Pacífico ha sido habitual en México desde hace siglos. Pero encontrar datos fiables de esta actividad y de su impacto en la especie es mucho más complicado. En 2017, un equipo de científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México logró reconstruir más de 290 años de explotación combinando entrevistas con pescadores y comunidades locales, datos arqueológicos, búsquedas en archivos coloniales y locales y datos indirectos. Los investigadores confirmaron que la explotación comercial y de subsistencia de la tortuga verde en áreas como Baja California tenía raíces centenarias, y que esta es la causa principal del descenso de la población de la especie. Su estudio permitió redirigir la estrategia de conservación y de recuperación de esta tortuga.
En España, el estudio de fuentes históricas ha permitido descubrir que el llamado cangrejo de río ibérico (hoy en peligro de extinción) es, muy probablemente, una especie importada desde Italia hace 500 años. Por ahora, esta información no ha modificado los planes de conservación de una especie que hoy se encuentra desplazada por el cangrejo rojo y el cangrejo señal, de origen americano, y de la que solo sobreviven unas 1.000 poblaciones aisladas en las cabeceras de los ríos.
“Muchas de las decisiones que se toman en materia de conservación se hacen con datos que no son ideales, pero que son los que tenemos disponibles. En muchos casos, son datos que empezaron a ser recogidos en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado, por lo que nos falta perspectiva. Por eso ahora me estoy centrando en entender cómo cambiaría nuestro entendimiento de la naturaleza si pudiésemos mirar más atrás”, concluye Laetitia Navarro. Y es que abrir una ventana al pasado nos puede enseñar cómo era realmente el mundo más allá del límite que marca nuestra memoria y así evitar que, con el paso de las generaciones, vayamos perdiendo la perspectiva y aceptando como normales ecosistemas cada vez más degradados.





Van Gogh no lo sé, pero los Pueblos indígenas sí. ¡Nos pueden enseñar tanto!
La “Cumbre de los Pueblos”, que se celebró paralelamente a la COP30, nos llenó de energía y esperanza. Sentimos la fuerza de nuestras redes y la inspiración de nuestras aliadas y aliados en Brasil, cuya alegría y hospitalidad nos conmovieron profundamente.
Sin embargo, el contraste con la COP30 oficial no podría ser mayor. Lo que prometieron gobiernos y empresas fueron falsas soluciones para un “crecimiento verde” y nuevos fondos financieros, como el Tropical Forest Finance Facility (TFFF). Este fondo convierte la protección de los bosques tropicales en un producto de inversión, sin abordar las causas reales de la deforestación. Los inversores ganan, mientras que los verdaderos guardianes del bosque —los pueblos indígenas que se presentaron en gran número exigiendo participación— quedan prácticamente fuera.
Junto a más de 50.000 personas —entre comunidades indígenas, defensoras de la naturaleza y activistas de derechos humanos— nos manifestamos en Belém.
En medio de una multitud que hablaba muchas lenguas, se escuchó una sola voz:
«¡Queremos una acción climática verdadera y justa!»
¡No a la mercantilización de los bosques tropicales! Detengan el TFFF
Firma nuestra nueva petición para exigir que los esfuerzos por salvar el clima se destinen a quienes realmente protegen los bosques tropicales.
https://www.salvalaselva.org/peticion/1317/no-a-la-mercantilizacion-de-los-bosques-tropicales-detengan-el-tfff?mtu=649076048&t=29524
Y tanto que está cambiando el Planeta…
“Las leyes para proteger la naturaleza en la UE son extremadamente necesarias. No hay que reducirlas. Al contrario, deben mejorarlas y hacerlas más estrictas.”
Gracias a leyes y controles cada más estrictos, muchos indicadores ambientales han llegado a mejorar en Europa en las últimas décadas. El aire es más limpio en muchos lugares, las emisiones industriales han disminuido y las masas de agua están menos contaminadas.
Pero no basta porque la naturaleza en Europa y en todo el mundo está empeorando de todas maneras, y sólo el 15% de los hábitats de la UE se encuentran en buen estado. Lo refleja con especial claridad el declive de animales y plantas.
En los últimos 45 años ha desaparecido una cuarta parte de la avifauna europea, lo que supone 500 millones de aves menos en el cielo que en 1980; el número de mariposas ha disminuido un tercio; una de cada diez especies de abejas silvestres está desapareciendo. Cuatro de cada diez especies de árboles europeos están amenazadas. En todo el mundo, el 28% de las especies estudiadas están amenazadas de extinción.
Así que hay mucho por hacer. Pero en lugar de redoblar esfuerzos y leyes para proteger la naturaleza, la Comisión Europea quiere dar marcha atrás y «simplificarlas».
El reglamento de la UE sobre plaguicidas que se acordó ya se abandonó en 2024 debido a la resistencia de la industria agrícola. Ahora, la UE quiere simplificar las obligaciones de información y diligencia debida de las empresas para «aumentar la competitividad e impulsar el crecimiento».
En otoño, la Comisión Europea tiene previsto presentar el llamado «paquete medioambiental ómnibus». Existe una presión enorme para recortar incluso leyes que forman el núcleo de la conservación de la naturaleza. Entre ellas figuran la Directiva sobre hábitats de la UE y la normativa comunitaria sobre renaturalización y protección de los bosques (EUDR).
Firma esta petición para Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea; Comisarios Europeos; Miembros del Parlamento Europeo; Gobiernos de los Estados miembros de la UE
https://www.salvalaselva.org/peticion/1315/manos-fuera-de-las-leyes-ambientales-en-europa