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El número uno del mundo masculino de tenis, el italiano Jannik Sinner, se ha despedido de Roland Garros –el único Grand Slam que le falta– en segunda ronda tras perder contra el argentino Juan Manuel Cerúndolo, número 57 del ranking. En muchas crónicas deportivas se leerá que le dio una pájara en el momento más importante o que le volvió a fallar el físico, pero lo cierto es que ha sido víctima de una ola de calor histórica en Francia que tiene el sello del cambio climático. Según el Índice de Cambio Climático de la organización científica Climate Central, el cambio climático ha hecho que la temperatura media diaria registrada este jueves en París sea al menos cuatro veces más probable.
El reloj marcaba poco más de dos horas de juego y Sinner lideraba el marcador por 6-2, 6-2 y 5-1, a un solo juego de sellar su pase a la siguiente ronda. Sin embargo, el sofocante ambiente parisino pudo con él. Cerúndolo, aprovechando el hundimiento, le endosó 15 puntos seguidos. Sinner, mareado y con ganas de vomitar, no pudo más y detuvo el encuentro, viéndose obligado a marcharse a los vestuarios. El partido iba 5-4 en contra y con 0-40. Volvió al cabo de un rato y siguió jugando, pero no por mucho tiempo. Tras perder definitivamente el tercer set por 5-7, el italiano se marchó otra vez al vestuario. Estuvo nueve minutos ausente de la pista.

Su indumentaria azul claro completamente empapada en sudor reflejaba el sufrimiento del deportista, que en cada descanso hacía uso de un pequeño ventilador de mano e incluso echó mano de bolsas de hielo para la cara. Finalmente, tras 3 horas y 36 minutos de auténtico infierno, acabó cediendo el partido con un marcador global de 3-6, 2-6, 7-5, 6-1 y 6-1 a favor del argentino.
Los datos meteorológicos explican a la perfección el colapso del transalpino. Al inicio del encuentro, el termómetro ya marcaba unos exigentes 29 °C, pero el pronóstico advertía de una escalada hasta los 33 °C. Y la realidad, de nuevo, superó las previsiones. A escasos metros de la pista, la estación meteorológica oficial de Longchamp registraba a las cuatro de la tarde un pico real de 33,2 °C. A esto hay que sumarle una humedad que en las horas centrales del día elevó el índice Humidex —la sensación térmica real que experimenta el cuerpo— por encima de 37 ºC. No era solo calor, era aire denso y asfixiante. La gravedad del episodio es tal que, para este jueves 28 de mayo de 2026, la agencia Météo-France ha decretado la alerta naranja por altas temperaturas en 17 departamentos del país.

Jannik Sinner llegaba a París con una espectacular racha de 30 victorias consecutivas que se remontaba al mes de febrero. Curiosamente, el italiano ya había encendido las alarmas por problemas físicos asociados a las altas temperaturas durante el pasado Abierto de Australia, en enero, en su duelo con Eliot Spizzirri. En aquella ocasión, con el techo de la pista cerrado, logró recomponerse y decantar el partido a su favor. A cielo abierto y bajo una ola de calor que ha dejado varios muertos en distintos puntos de Francia, la historia ha sido distinta.
Lo ocurrido hoy muestra la nueva normalidad climática impulsada por décadas de quema de combustibles fósiles. Los episodios de calor extremos en primavera ya no son excepciones estadísticas, sino eventos recurrentes. El tenis no es una víctima aislada en esta crisis; el mundo del deporte en general –en julio será el Tour de Francia y el Mundial de fútbol–está abocada a adaptarse.

