Inseguridad alimentaria, enfermedades y calor mortífero: el cambio climático daña más la salud en el sur de Europa

Las muertes por calor han aumentado un 9% en el continente, según el último informe de 'The Lancet Countdown'. Entre la población, existen patrones de desigualdad que afectan a algunos colectivos más que a otros.
Un bombero lucha contra un incendio forestal en Grecia el pasado agosto. Foto: REUTERS/Costas Baltas

«El cambio climático está aquí, en Europa, y mata». A estas alturas, la relación entre el aumento de la temperatura global y los riesgos en la salud no se puede negar. El último informe de The Lancet Countdown enfocado en salud y cambio climático en Europa, así de claro lo deja.

Estima que las muertes relacionadas con el calor han aumentado en un 9% –con un incremento medio de 17 muertes por cada 100.000 habitantes entre 2003-2012 y 2013-2022–, sobre todo en el sur de Europa (11%), así como los días de ola de calor, que han incrementado en un 41%. También lo ha hecho la idoneidad climática para diversos patógenos y vectores de enfermedades sensibles al clima, como el dengue, la malaria y las garrapatas. Y la intensidad y frecuencia de los fenómenos climáticos extremos, entre los que preocupan, sobre todo, los incendios forestales y la sequía.

«Las horas de riesgo para la actividad física (debido al riesgo de estrés térmico) se han ido extendiendo más allá de las horas más calurosas del día durante el periodo 1990-2022 tanto para actividades de intensidad media (por ejemplo, ciclismo o fútbol) como para actividades extenuantes (por ejemplo, rugby o ciclismo de montaña), lo que podría dar lugar a que las personas reduzcan su actividad física habitual y, por tanto, su riesgo de enfermedades no transmisibles aumente», apunta el informe.

La insuficiencia de alimentos (nutritivos) también preocupa. En 2021, casi 60 millones de personas experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave en Europa; 11,9 millones de ellas pueden atribuirse a un mayor número de días de ola de calor y meses de sequía.

Todo ello varía según la región del continente: mientras que el sur de Europa tiende a verse más afectado por las enfermedades relacionadas con el calor, los incendios forestales, la inseguridad alimentaria, la sequía y la leishmaniasis, el norte se ve igual o más afectado por las bacterias del género Vibrio y las garrapatas.

Las políticas ignoran la equidad medioambiental

Por supuesto, las repercusiones negativas no son iguales a escala regional y mundial. Tampoco lo es la responsabilidad por el cambio climático. Por ello, el informe incide en los grupos de riesgo dentro de Europa, así como en la responsabilidad del continente en la crisis climática.

Las diferencias entre la población europea se deben, sobre todo, al nivel de exposición, la sensibilidad y la capacidad de adaptación, que «a menudo reflejan patrones interconectados de desarrollo socioeconómico y marginación, así como patrones históricos y actuales de desigualdad». En resumen, «las poblaciones más afectadas suelen ser las menos responsables y las que tienen menos probabilidades de ser reconocidas o de que se les dé prioridad».

Con esto en mente, las minorías étnicas y las poblaciones indígenas, las comunidades con bajos ingresos, los emigrantes y desplazados, las minorías sexuales y de género, y las mujeres embarazadas y parturientas tienden a verse más gravemente afectadas por los efectos del clima sobre la salud.

En esta línea, un ejemplo claro de la disparidad por género es la incidencia del calor, que afectó dos veces más a las mujeres que a los hombres. Otro caso de esta desigualdad es la dieta desequilibrada, que provocó más muertes entre las mujeres.

En cuanto a las diferencias socioeconómicas, se ha observado que los hogares con bajos ingresos tuvieron una probabilidad sustancialmente mayor de sufrir inseguridad alimentaria y la exposición a la contaminación por incendios forestales fue mayor en las zonas muy desfavorecidas.

A pesar de todo esto, el informe muestra un escaso compromiso con los aspectos de igualdad, equidad o justicia en la investigación, las políticas y los medios de comunicación sobre el clima y la salud: solo hubo diez referencias (0,1%) a la intersección entre salud y cambio climático en el Parlamento Europeo en 2022.

Sin embargo, el ritmo al que los países europeos avanzan hacia unas emisiones cero netas sigue siendo inadecuado. Con la trayectoria actual de Europa, se estima que la neutralidad de carbono se alcance en 2100. Y, para cumplir las recomendaciones del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de llegar a cero emisiones netas en 2040, las emisiones de los sistemas energéticos europeos deberían reducirse a un ritmo aproximadamente tres veces superior al actual.

«Ya estamos notando el coste del retraso en la acción, pero también conocemos las recompensas que podríamos cosechar con la eliminación progresiva de los combustibles fósiles y las vías para conseguirlo», afirma la profesora Rachel Lowe, investigadora de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA), líder del equipo de Resiliencia en Salud Global del Barcelona Supercomputing Center, directora de Lancet Countdown in Europe y una de las autoras principales del informe.

«Limitar el calentamiento global a menos de 1,5 grados centígrados mediante una transición justa y saludable supondría beneficios que salvarían vidas en toda Europa y fuera de ella. En lugar de enfrentarnos a la mala salud y a amenazas a nuestros medios de vida, los países europeos podrían sentir los beneficios para la salud de un aire limpio, mejores dietas, una reducción de las desigualdades y ciudades más habitables mediante la aplicación urgente de políticas climáticas centradas en la salud y el bienestar», continúa.

Aun así, según The Lancet Countdown, 29 de 53 países analizados siguen concediendo subvenciones a los combustibles fósiles. Aunque también hay buenas noticias: la inversión en energías limpias superó a la de combustibles fósiles en Europa en un 261% en 2022 (con 404 millones de euros frente a 112 millones).

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COMENTARIOS

  1. McDonald’s, gigante ecocida (Futuro Vegetal)
    No sólo explotan a sus empleados pagándoles 8E la hora o obligándoles a hacer horarios no recomendados por el médico de la propia empresa, también se lucran del sufrimiento animal: La industria de McDonald’s supone un gran problema para la Crisis Climática: una hamburguesa promedio pesa 150 gs. y para producirla se necesitan alrededor de 2.300 litros de agua. En una hora se venden 270 mil hamburguesas lo que equivale a una huella hídrica de 621.000.000L.; pero oye, nosotrxs nos tenemos que duchar en 3 minutos.
    Desde noviembre 2023 distintos colectivos a nivel mundial vienen efectuando acciones contra McDonald’s porque la franquicia local de Israel decidió regalar comida al ejército israelí.
    MANIFIESTO F. V., firma contra la represión
    https://futurovegetal.org/firma-contra-la-represion/

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