La circularidad en la construcción: no hay otro camino

El ejemplo del despacho berlinés LXSY Architecture muestra que es posible la reutilización en el sector.
La circularidad en la construcción: no hay otro camino
Impact Hub Berlin. Foto: LXSY.

El antiguo recinto de la fábrica de cerveza Kindl, en el barrio de Neukolln en Berlín, es uno de esos sitios de coworking e innovación que se definiría fácilmente como moderno. Espacios abiertos, lamas de madera, azulejos rojos y una zona de encuentro creada a base de coloridos muebles amarillos definen lo que ahora es la sede del Impact Hub Berlin.

Sin embargo, el estudio que lo diseñó asegura haberlo construido mirando al pasado. “¿Cómo va a ser arcaico algo tan de futuro como la arquitectura circular?”, pregunto. La arquitecta responde: “Antes, para levantar una muralla, se extraían piedras de un sitio cercano. Y cuando la ciudad crecía, se usaban esos mismos bloques de piedra para construir edificios. Así lo hicieron griegos, romanos y egipcios, y nosotros, hasta hace relativamente poco. En los últimos 20 años, en cambio, la construcción se ha convertido en una verdadera máquina de hacer basura”.

Kim Le Roux fundó LXSY Architecture junto a su compañera Margit Sichrovsky. Habían estudiado juntas en la Universidad Técnica de Berlín y, al terminar, ambas sabían que no querían trabajar en un estudio de arquitectura estándar. “Queríamos crear un proyecto con conciencia e impacto social. ¿Y puede la arquitectura marcar la diferencia? Creíamos que sí, y así fue como empezamos”, explica Le Roux. No lo hicieron todo de golpe, sino poco a poco. Pasaron años desde su fundación en 2015 hasta que en 2022 recibieron un encargo del Impact Hub Berlín –con quienes previamente ya habían trabajado– para crear lo que ellas llamaron La Casa Circular. 

Dar nueva vida a los materiales

Es un proyecto construido en un 70% con materiales reutilizados. “Fuimos de obra en obra y vimos dónde estaban derribando edificios para ver lo que nos podía servir. Encontramos muchísimos materiales, desde los menos atractivos como bandejas para cables y tubos de ventilación, hasta las viejas placas de madera del mítico club berlinés Kater Blau”, detalla Le Roux. Casi cada objeto tiene una segunda vida: azulejos recuperados, ventanas, puertas, lámparas e incluso sofás.

El despacho ha ido creciendo y ahora trabajan en él una veintena de personas, casi todas mujeres. Una de ellas es Irene Arrieta, una arquitecta española que defiende que lo revolucionario de la arquitectura circular consiste en transformar el proceso creativo: “Hemos perdido la costumbre de observar los recursos a nuestro alrededor y pensar cómo usarlos de manera óptima. Hoy la industria parece creer que todo vale, incluso traer materiales de la otra parte del mundo. Nosotras ofrecemos otra respuesta: nos preguntamos si tiene sentido construir así y cómo hacerlo mejor”.

Irene Arrieta aplica este principio en un proyecto en Baviera, en colaboración con la Universidad y con el Ministerio Público de Vivienda de Alemania, para renovar un edificio del departamento de Finanzas de Kelheim. Consiste, por ahora, en explorar qué materiales serían más convenientes de utilizar para ese edificio y después para otras viviendas públicas según criterios de circularidad. “Es un proceso muy gratificante: aprendes sobre materiales y también del intercambio con ingenieros. Que el sector público te pida una evaluación como esta indica que quieren empezar a pensar diferente sobre cómo construir”, explica. 

La idea es probar materiales desde madera y paja hasta elementos reutilizados, en once proyectos piloto que podrían marcar un nuevo estándar. La capacidad de transformación es la gran ventaja de trabajar con el sector público. Mientras los proyectos privados permiten actuar con rapidez, el sector público puede consolidar el cambio a largo plazo. “Si estos proyectos funcionan dentro del presupuesto y con buenos resultados, pueden convertirse en referencia y abrir el camino a otros arquitectos”, dice Arrieta.

Retos de la reutilización

La reutilización presenta desafíos. Uno de los principales es la certificación de los materiales recuperados: muchos elementos pierden su validez al desmontarse, aunque sigan siendo funcionales. Resolver este vacío legal sería clave para escalar la circularidad.

La transformación no depende solo de los estudios de arquitectura ni de los clientes, que en muchos casos sí están dispuestos a pagar más. La industria de materiales sigue siendo el eslabón más lento: muchas empresas continúan produciendo con recursos nuevos porque su modelo de negocio se basa en la producción continua. Algunas, sin embargo, empiezan a adaptarse. Firmas como Derix –especializada en estructuras de madera– o Schüco, en carpinterías, han incorporado sistemas para recuperar y reutilizar sus productos cuando un edificio se demuele.

“Todavía es un proceso costoso y afecta a los márgenes de beneficio, pero no habrá alternativa. Pensar en la reutilización debe formar parte del proceso de construcción”, subrayan las arquitectas.

De hecho, los datos son alarmantes. El programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente indica que el sector de la construcción representa alrededor del 37% de las emisiones energéticas globales de dióxido de carbono (CO2).

En España, los avances son incluso más lentos. Según Arrieta, Alemania lleva años de ventaja en políticas y proyectos circulares. Algunas iniciativas en Baleares y Catalunya empiezan a experimentar con materiales locales y reutilizados, aunque de forma aislada.

El estudio también insiste en la necesidad de tener en cuenta el coste climático: el impacto ambiental asociado a la producción de nuevos materiales. “A veces construir circularmente parece más caro, pero el ahorro climático es real. Ese coste no lo paga el cliente, lo pagamos todos”, recuerda Arrieta.

Mirar el futuro con optimismo

Ambas son optimistas sobre el futuro de la arquitectura circular. “No hay otro camino. Los recursos son finitos y la contaminación global nos empuja hacia la circularidad, nos guste o no”, dice Irene Arrieta. Kim Le Roux se imagina una ciudad del futuro en la que cada edificio tenga un gemelo digital: un modelo 3D con toda la información de sus materiales. De ese modo, cuando un inmueble se renueve, los elementos retirados podrían volver al mercado para ser reutilizados. “Sería un paso hacia una ciudad verdaderamente circular”, analiza la arquitecta, que ve muy posible que su visión de la construcción se imponga alguna vez como una realidad. 

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