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Volar en avión en Europa puede ser hasta 26 veces más barato que coger el tren. El problema: el avión es el medio de transporte con mayor impacto relativo sobre el clima, tal y como denuncia Greenpeace España en un informe presentado este jueves.
La organización ecologista denuncia que el modelo europeo de movilidad es «ineficiente», al «premiar» al transporte aéreo, más contaminante y con subvenciones públicas al combustible de aviación. Acorde al análisis llevado a cabo, España es el segundo peor país de Europa, solo superado por poco por Francia: el 92 % de todas las rutas transfronterizas analizadas (12 de 13) son más caras en tren que en avión.
El estudio, que ha analizado 142 rutas (109 transfronterizas y 33 nacionales) en 31 países europeos, revela que los vuelos son predominantemente más baratos que los trenes en el 54% de las 109 rutas transfronterizas analizadas. “A pesar de ser el medio de transporte más contaminante, usar el avión tiene premio: gracias a sus privilegios fiscales, las aerolíneas compiten de manera desleal con el tren, porque el billete de tren incluye todos los costes y el avión, no», apunta José Luis García Ortega, responsable del Área de Clima, Energía y Movilidad de Greenpeace España.
La ONG lamenta que las aerolíneas de bajo coste (como Ryanair, Wizz Air, Vueling y easyJet) «dominen los cielos europeos», con tarifas que a menudo están por debajo de las tasas aeroportuarias y de las que gravan los billetes.
Esos precios –»artificialmente bajos», insisten– son posibles gracias a que los combustibles de aviación no pagan impuestos y a que los billetes de avión internacionales están exentos de IVA. «Mientras tanto, los operadores ferroviarios suelen pagar el IVA completo, y el precio del billete incluye los costes energéticos y los peajes por uso de las vías», recuerda Greenpeace.
Actualmente, los vuelos emiten de media cinco veces más dióxido de carbono (CO₂) por pasajero-kilómetro que los trenes, y en comparación con los ferrocarriles que utilizan electricidad 100% renovable, «su impacto puede ser más de 80 veces peor», señala la organización.
Para el análisis se han revisado las tarifas de cada una de las 142 rutas durante 9 días diferentes, en distintos periodos de reserva. Los trenes son siempre o casi siempre más baratos en solo 29 rutas transfronterizas (el 39%), muchas de ellas en Europa Central y Oriental, especialmente en los países bálticos y Polonia. En Francia, España y Reino Unido, los trenes son más caros que los vuelos en hasta el 95% de las rutas transfronterizas. En este sentido, señalan que los viajes en tren pueden costar hasta 26 veces más que los vuelos. Esto último ocurre con el viaje Barcelona-Londres, que en avión se puede hacer por solo 14,99 euros en avión, mientras que en tren costaría 389 euros.
¿Por qué pasa esto en España?
En el informe de Greenpeace se han analizado 19 rutas con origen o destino en España, incluidas seis nacionales. En base a lo estudiado, España es el segundo país con mayor proporción de rutas donde el tren es predominantemente más caro que el avión. Desde la ONG sostienen que una de las razones por las que ocurre esto es porque todas las rutas con origen y destino a España, excepto las que conectan con Portugal, utilizan la red ferroviaria de alta velocidad francesa, que es relativamente cara.
Otros de los motivos detrás de esta diferencia, según Greenpeace, es que «muchas de esas rutas requieren la compra de dos billetes separados, lo que encarece el viaje total en comparación con las rutas con billete directo».
La única ruta transfronteriza mucho más barata en tren que en avión fue el trayecto Lisboa-Madrid, que, sin embargo, requiere al menos dos transbordos. «Una ruta directa entre estas dos capitales es una de las conexiones ferroviarias más necesarias en Europa. La ruta Oporto-Madrid también requiere dos billetes separados de Renfe: uno para el tramo Oporto-Vigo y otro para el tramo Vigo-Madrid», denuncia Greenpeace. No obstante, el informe desvela un punto positivo. Y es que en cinco de las seis rutas nacionales resulta más barato el tren que el avión.
Para revertir esta situación, Greenpeace insta a la Unión Europea y a los Gobiernos nacionales a reformar las políticas de transporte eliminando las subvenciones a la aviación, introduciendo un sistema sencillo de billetes de tren e invirtiendo más en infraestructura ferroviaria pública. La organización también aboga por la introducción de «billetes climáticos» asequibles: sistemas de abono único con tarifa plana válidos en el transporte público nacional e internacional.




