El proyecto de Boyan Slat pretende limpiar el plástico de los océanos. Tras tres años de trabajo, las cuentas no salen: harían falta 200 dispositivos trabajando sin descanso durante 130 años para recogerlo todo. Y eso sólo si cesaran los vertidos.
Contaminada por diversas sustancias y distribuida desigualmente en razón de la clase y la raza, el agua, además, empieza a ser escasa en Estados Unidos.
La ubicación de los medidores acaba distorsionando la información sobre la calidad del aire. Es lo que denuncia Ecologistas en Acción en Castilla y León. Y no es el único caso.
"Es urgente la implantación de una estricta regulación y limitación para evitar que nuestros campos sean un auténtico vertedero de microplásticos", reclama Javier Guzmán, director de Justicia Alimentaria.
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