Etiquetas:
Este reportaje se publicó originalmente en La Marea 112. Puedes conseguir un ejemplar en papel aquí o suscribirte y apoyar el periodismo independiente.
—¿Tiene leche de soja?
—No, sin lactosa.
Esta es una de las respuestas más habituales cuando se pregunta en una cafetería por alguna opción vegetal para el café, té o batido. Los productos plant-based están cada vez más incorporados en los supermercados y bares; y las verduras, frutas, legumbres, hortalizas, cereales y frutos secos, disponibles hasta en el comercio de barrio más humilde.
Aun así, la adopción y normalización del veganismo en España contrasta con la situación en países vecinos, donde la oferta está mucho más integrada y presente en el día a día. Como apunta Estefanía Lozano, directora interina de Veganuary España, «la transformación del sistema alimentario es una tarea compleja y no avanza igual en todos los países, porque depende de factores económicos, políticos y culturales».
Lo cierto es que diversos estudios científicos llevan décadas advirtiendo sobre los riesgos para la salud del consumo de carne roja y procesada, así como sobre los beneficios de una alimentación basada en plantas. Además, las industrias ganadera, pesquera y láctea tienen un fuerte impacto ambiental y generan graves problemas de bienestar animal. Entonces, ¿por qué las dietas plant-based siguen siendo vistas por muchas personas como extremistas o poco saludables? La respuesta es multifactorial.
Flexitarianos, vegetarianos y veganos
España es uno de los países con mayor consumo de carne de Europa. El último informe The Green Revolution 2025, elaborado por la consultora Lantern, calcula que en torno al 11% de la población adulta española es veggie, con mayor incidencia en mujeres que en hombres, siendo las generaciones más jóvenes especialmente receptivas. Este dato aglutina a personas flexitarianas, vegetarianas y veganas. Si nos fijamos sólo en estas últimas, la cifra se reduce al 0,5%, unas 200.000 personas.

Aunque el veganismo sigue siendo una opción minoritaria, «el interés por la alimentación vegetal sigue creciendo en todo el mundo», afirman desde Veganuary, en base a estudios recientes y a la propia experiencia de la organización. En España, indica su directora, «vemos que el cambio está llegando sobre todo a través del flexitarianismo: cada vez más personas reducen su consumo de productos animales, aunque eso no implique identificarse como vegetarianas o veganas». En cuanto a la transición hacia una alimentación más vegetal, la segunda edición de la macroencuesta para la población veggie en España, realizada por ProVeg España y VeganaGal en 2023, recoge que «el 42% de la población vegana siguió antes una alimentación vegetariana», si bien otro 46% hizo un cambio directo.
El arraigo gastronómico
Y uno de los factores determinantes es la cultura. Las implicaciones de qué comemos y cómo lo hacemos van mucho más allá de lo nutricional. Como explica el dietista-nutricionista y divulgador Aitor Sánchez, «hay como esas ganas de ‘sacudirse’ épocas de escasez, cuando las legumbres y los cereales estaban asociados a ‘lo que hay’. Cuando España empieza a progresar económicamente, se percibe que disponer de carne o pescado tiene muchísimo valor intrínseco». Esta mentalidad, marcada por el contexto histórico, impactó especialmente «en la generación de nuestras abuelas».
El «arraigo gastronómico» (especialmente determinante en países del Mediterráneo, como España e Italia, a diferencia de otros países europeos) hace que, culturalmente, un plato sin carne o pescado sea percibido como incompleto: «Añadimos un poco de jamón a las alcachofas, algo de queso a la ensalada… como para valorizarlo, aunque nutricionalmente sea innecesario», desarrolla el experto.
Para Sánchez, esto entronca con modelos médicos y de endocrinología «desactualizados, como los de los años ‘80, en los que se creía que comer más carne y lácteos era mejor». Ahora, en cambio, «estamos en un momento en el que se recomiendan más frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos y cereal integral, porque tenemos un consumo masivo de proteína animal», subraya. La comunicadora y fundadora de The Vegan Agency, Paula González Carracedo, ve en nuestra cocina una oportunidad: «La riqueza en nuestra gastronomía puede facilitar que la gente coma más vegetal».
“El tofu tiene el mismo IVA que la carne”
Hay otro elemento de fricción muy importante a la hora de adoptar o transicionar hacia dietas basadas en plantas. Tanto las expertas consultadas como diversos estudios y encuestas sobre la materia apuntan a un mercado en el que los productos y alternativas vegetales no compiten en igualdad de oportunidades.
«En España, por ejemplo, el tofu está sujeto al mismo tipo impositivo que la carne, mientras que los lácteos se ven favorecidos frente a sus equivalentes plant-based. Eso dificulta que las opciones vegetales compitan en igualdad de condiciones y estén más presentes en la vida cotidiana», señala la directora interina de Veganuary en nuestro país.
La CEO de The Vegan Agency también lamenta que, en los últimos años, se haya observado «un fuerte empuje de las industrias para desinformar sobre este tipo de alimentación y para declarar una guerra legal a las pequeñas y medianas empresas que se dedican a hacer carnes, pescados o quesos vegetales». Basta con echar un vistazo a la enorme polémica que se viene sucediendo en el Parlamento Europeo desde hace años a cuenta de la nomenclatura de determinados productos vegetales.
Todo lo anterior se une a que los consumidores son cada vez más exigentes y selectivos: «Se espera que las alternativas vegetales además tengan buen sabor, un perfil nutricional convincente, una lista de ingredientes más sencilla y un precio razonable». En este sentido, el informe de Lantern apuntaba que «el 36% de los veggies consideran que son productos muy artificiales y con ingredientes que no conocen muy bien, con listas largas de ingredientes». Según la interpretación de Veganuary, esto podría «ayudar a explicar por qué algunas categorías crecen con más claridad que otras y por qué parte del consumo se desplaza hacia opciones vegetales más básicas, como verduras y legumbres, cuando las alternativas procesadas se perciben como caras o demasiado artificiales».
Mientras tanto, algunos países vecinos vienen desarrollando medidas para favorecer o fomentar la alimentación vegetal. González cita algunos ejemplos: «En Países Bajos se ha prohibido la publicidad de carne en algunas ciudades, como medida para frenar el cambio climático. En Alemania, las empresas plant-based tienen que aproximarse todo lo posible a la paridad de precios para poder entrar en los lineales de supermercado y poder competir con alimentos no veganos. En Inglaterra, las asociaciones invierten mucho más dinero en profesionalizar las campañas pro vegetarianismo y tienen más años de ventaja en la normalización».
Más allá de Barcelona y Madrid
El panorama del veganismo en España no solo contrasta con el de fuera de nuestras fronteras, sino que existen grandes contrastes dentro del territorio. Por oferta gastronómica y calidad, destacan Barcelona y Madrid, que llegan a ocupar los puestos 4 y 7, respectivamente, en el top de las 10 ciudades europeas más vegan-friendly en 2025, realizado por HappyCow, e incluso se posicionan en el ranking de las 25 ciudades más veganas del mundo. También es llamativo el caso de Granada: si se tiene en cuenta el tamaño de la ciudad y su población, la cantidad de bares y restaurantes veganos o con opciones es proporcionalmente altísima. «Es posible que su población universitaria y la presencia del turismo internacional contribuyan a una mayor apertura hacia nuevas formas de alimentación. Este fenómeno se da también en localidades situadas en algunas rutas del Camino de Santiago, donde la llegada constante de peregrinos de todo el mundo favorece que las opciones veganas estén presentes en muchos establecimientos», reflexiona Lozano.
Sin embargo, esta combinación de factores no se replica en otras urbes. Sevilla sería el paradigma de este otro extremo: a pesar de ser la quinta ciudad más poblada de España y de recibir cada año millones de turistas extranjeros, el número de establecimientos de restauración 100% vegetal se cuentan con los dedos de una mano (y sobran dedos). Aunque cada vez es más habitual encontrar bares que incluyen algunas opciones vegetales en sus cartas (y los platos «veganos por accidente», como los tradicionales garbanzos con espinacas), la variedad dista mucho de la de otras ciudades españolas.
En relación a este punto, el estudio de ProVeg España y VeganaGal señala que «aunque por lo general se piensa que llevar un alimentación vegetal es algo moderno y de gente “de ciudad”, la encuesta revela que en proporción la población veggie está altamente representada en el entorno rural». Según esta fuente, en 2023, el 27% de las personas veganas vivían en pueblos o aldeas.
Como reflexión final, la directora interina de Veganuary en nuestro país considera que «en España aún nos queda recorrido, especialmente en accesibilidad y normalización. Comer vegetal todavía depende mucho de la iniciativa individual y de vivir en ciudades con buena oferta. Falta una presencia más cotidiana de opciones vegetales en colegios, hospitales y otros espacios públicos, así como una mayor disponibilidad en pequeños municipios. Pero la dirección del cambio es clara: cada vez más personas quieren reducir su consumo de productos de origen animal e incorporar más alimentos vegetales a su dieta».
Cinco imprescindibles
- A veces, los productos de origen animal se encuentran donde menos los esperas (¿sabías que la mayoría de las chucherías están hechas a base de cartílagos, piel y huesos?), y no siempre es fácil descifrar los etiquetados de los productos. Para agilizar este proceso existen aplicaciones como AptoVegan.
- Si quieres saber más sobre veganismo pero te abruma la sobreinformación en Internet, el ensayo Esto es propaganda vegana, de Ed Winters (Capitan Swing), es una muy buena forma de aprender lo esencial: desde los orígenes a la relación con las pandemias, pasando por los mitos más frecuentes o las «mentiras de la industria cárnica».
- Si prefieres una aproximación más desenfadada, el pódcast Malditos veganos aborda multitud de temas a través de experiencias personales, entrevistas, dudas y mitos, activismo, información, guías prácticas…
- Para muchas personas, la mejor forma de iniciarse en el veganismo puede ser dándole una primera oportunidad, probando poco a poco. Con este objetivo, la iniciativa Veganuary anima a probar el veganismo durante el mes de enero (y el resto del año), acompañando el proceso con información útil, nutricional y recetas.
- Si estás de visita en una ciudad y no sabes dónde comer, HappyCow puede ser tu mejor aliada: esta aplicación te muestra qué establecimientos cuentan con opciones vegetarianas y veganas cerca de ti, con reseñas y valoraciones de los usuarios.

