Tras unas lluvias torrenciales el año pasado que dejaron una destrucción similar a la de Valencia, un pequeño pueblo de agricultores de algodón en Grecia votó en un referéndum su reubicación en una zona más alta para evitar futuras inundaciones.
El nuevo cauce del Turia —construido después de la riada que anegó València en 1957 para evitar futuras catástrofes— sirve ahora de frontera entre dos mundos, porque cruzarlo supone entrar en una dimensión diferente, la del caos y el desastre tras el paso de la DANA.
Abel López, investigador de la Cátedra de Reducción de Riesgos de Desastres de la ULL, insta a mejorar en materia de prevención y lamenta que las “actividades económicas” siguieran abiertas a pesar de los avisos de AEMET sobre la DANA.
Un primer análisis rápido de un grupo de especialistas internacionales confirma lo que se intuía: el calentamiento global impulsado por los combustibles fósiles hizo que la DANA fuese más destructiva.
La agencia estatal empezó a informar de la llegada de una DANA el miércoles 23 y emitió hasta tres avisos especiales los días siguientes. Aun así, el Gobierno valenciano no mandó la alerta por móvil a la población hasta la noche del martes, cuando la situación ya se había descontrolado.
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