Los Ángeles o cómo usar el Mundial de preparación para los Juegos Olímpicos y el cambio climático

Primer artículo de una serie de cuatro centrada en cómo la ciudad estadounidense utiliza el torneo como banco de pruebas frente al calor extremo y la movilidad de cara a los Juegos Olímpicos de 2028.
Los Ángeles o cómo usar el Mundial de preparación para los Juegos Olímpicos y el cambio climático
Interior del SoFi Stadium en Los Ángeles, sede de ocho partidos del Mundial este verano. Foto: Carolina Kyllmann/CLEW.

Este artículo forma parte de los reportajes de CLEW sobre la resiliencia climática en el mundo del deporte. Puedes encontrarlos todos, en inglés, aquí. Este proyecto ha sido posible gracias a una subvención de la Checkpoint Charlie Foundation. La serie completa en español se podrá leer aquí.

A 30 días de empezar la Copa Mundial de fútbol masculino, un olor penetrante inunda el estadio donde la Selección Española logró el pasado jueves ante Austria el pase a octavos de final. El equipo de operaciones del recinto se afana en transformar el terreno de juego en un estadio de fútbol de primera categoría, con la tierra recién colocada y cubierta de fertilizantes a la espera de la llegada, al día siguiente, de los camiones refrigerados con césped especial.

El mantenimiento del terreno de juego es solo una pequeña parte de la labor de organizar un evento impecable en Los Ángeles, una de las 16 ciudades que acogen este verano el evento deportivo más popular del mundo. En comparación con otras ciudades anfitrionas, lo que está en juego es especialmente importante para la urbe, que espera utilizar la Copa del Mundo de este año, y la Super Bowl del próximo año, como ensayo general para los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Verano, que se celebrarán en la ciudad dos años después.

Este es el comienzo de la era de los megaeventos deportivos en Los Ángeles, y si bien los ocho partidos del Mundial que se disputan en el SoFi Stadium palidecen en comparación con la magnitud de los Juegos Olímpicos, constituyen un buen punto de partida para poner a prueba  las estrategias de seguridadlos protocolos de movilidad y los planes de respuesta ante olas de calor. La ciudad, congestionada por el tráfico y con un presupuesto ajustado, quiere saber cómo afecta la afluencia de aficionados a su infraestructura y espera que los preparativos para este megaevento den frutos a largo plazo.

«Estamos aquí para dejar un legado duradero», asegura Paul Krekorian, responsable de la Oficina de Grandes Eventos de la alcaldesa Karen Bass, a los miembros del consejo en una reunión celebrada en el Ayuntamiento en mayo. Les recuerda que la ciudad se presentó como candidata para albergar megaeventos deportivos no solo por el honor de acogerlos, sino para garantizar que aportaran un beneficio duradero a los habitantes de Los Ángeles.

La edición de 2026, que se celebra en 16 ciudades de México, Estados Unidos y Canadá, se perfila como la más contaminante de la historia, duplicando las emisiones del evento en comparación con el promedio de torneos anteriores, debido principalmente a las largas distancias entre las sedes, el aumento de los desplazamientos y la mayor envergadura del torneo. También podría convertirse en la más calurosa de la historia, y los investigadores  ya venían adviertiendo que las temperaturas durante los partidos podrían alcanzar niveles peligrosos tanto para los atletas como para los aficionados.

Sin embargo, los preparativos actuales ponen de manifiesto las tensiones existentes: para Los Ángeles, la Copa Mundial de este año se celebra en un contexto de  escasas reservas hotelerasprecios de entradas elevados y un  creciente déficit presupuestario. La ciudad también se enfrenta  a la urgente necesidad de reconstruir lo que quedó destruido por los devastadores incendios forestales de enero de 2025 –cuya magnitud sin precedentes los científicos han vinculado al calentamiento global–, con decenas de miles de residentes aún desplazados. Mientras tanto, en la numerosa comunidad inmigrante, en donde una cuarta parte es indocumentada, persisten temores a los agentes de inmigración de ICE después de que allanaran la ciudad hace un año.

Aficionados y trabajadores corren un mayor riesgo de sufrir golpes de calor

«La gran mayoría de las personas en riesgo no son los propios atletas, sino los espectadores (que por lo general están mucho menos aclimatados) y otros grupos como el personal de servicio en los puntos de venta o en la restauración», afirma el sociólogo deportivo Sven Schneider, de la universidad de Heidelberg. «Estos grupos de riesgo requieren una protección especial», añade.

Al recorrer Los Ángeles, los vastos paisajes de cemento y la escasa sombra o vegetación dejan claro que los aficionados están expuestos al calor mucho antes de que comiencen los partidos, pasando horas bajo el sol mientras esperan en la fila para los autobuses que los llevarán a los estadios y haciendo largas colas para entrar. A pocos días del inicio del Mundial, la FIFA prohibió por completo que los aficionados llevaran botellas de agua selladas y transparentes a los partidos, pero rápidamente dio marcha atrás tras las críticas recibidas.

Un mes antes, en un día nublado típico de la primavera en Los Ángeles, Otto Benedict, quien dirige las operaciones del SoFi Stadium (renombrado como estadio de Los Ángeles para la Copa del Mundo), explica cómo su equipo conoce bien los riesgos climáticos locales, y mira sarcásticamente hacia arriba para decir que algunos aficionados incluso podrían presentarse con ropa inadecuada para un día más fresco, de «mayo gris» o «junio sombrío».

A pesar de todo, afirma que están preparados. «Disponemos de ventiladores y zonas de refrigeración que desplegamos si hace calor», señala, y añade que está en contacto permanente con el Servicio Meteorológico Nacional, y que los termómetros del interior del estadio, junto con los datos de eventos anteriores, orientan sus planes de acción. «Compartimos con la FIFA nuestro protocolo de respuesta y, a su vez, aprendemos de ellos lo que necesitan que seamos capaces de hacer». Los protocolos de respuesta al calor difieren en las distintas ciudades anfitrionas en función de las evaluaciones de riesgo locales.

Si bien las olas de calor son inusuales en esta época del año, las temperaturas oceánicas récord están rompiendo la tendencia, afirma el climatólogo Daniel Swain. «En las zonas costeras del condado de Los Ángeles, la frecuencia de calor extremo es menor que en otras partes del país y del mundo», explica. «Por otro lado, no toda la infraestructura está diseñada para ello, por lo que cuando se produce puede ser muy perjudicial».

El Estadio SoFi, con un coste de 5.500 millones de dólares, es la excepción. Rodeado en parte de vegetación, está diseñado para utilizar el entorno natural y crear una experiencia confortable. En los días calurosos, el equipo de Benedict puede abrir los paneles del techo para crear una corriente ascendente y refrescar el interior del estadio, que no tiene aire acondicionado. En los días de lluvia, el techo canaliza el agua hacia un sistema de captación. Esa agua de lluvia, una vez tratada, se utiliza para regar las plantas autóctonas que rodean el recinto, las cuales, a su vez, proporcionan sombra y frescor.

Sin embargo, no hace falta ir muy lejos para ver una realidad diferente. La ciudad de Inglewood, donde se ubica el estadio, tiene una  cobertura arbórea del 9%, cuando lo ideal es que ronde el 30%. Los sistemas temporales de nebulización, los dispensadores de agua y los toldos instalados para la Copa del Mundo en lugares clave tienen una capacidad limitada para hacer frente a las exigencias de un condado afectado por el cambio climático.

Los eventos deportivos animan a los usuarios a probar el transporte público por primera vez

LA Metro (la red de transporte público de Los Ángeles) espera que los eventos deportivos den a la gente un motivo para utilizar el transporte público, quizá por primera vez, y que una buena experiencia pueda desestigmatizar su uso en una ciudad donde poco más del 3% de los desplazamientos al trabajo se realizan por esta vía, según datos de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense de 2024.

“Estamos planificando pensando en el legado”, dice la directora ejecutiva Stephanie Wiggins al borde del campo del SoFi Stadium mientras los aviones rugen sobre nuestras cabezas. “Nos hemos puesto manos a la obra para que todo salga lo mejor posible”. 

Para lograrlo, LA Metro ha implementado varias mejoras, como letreros multilingües en las estaciones, pagos sin contacto en sus autobuses, y una plataforma unificada (consolidando ocho aplicaciones en una) para planificar, pagar y recibir información y alertas de servicio en tiempo real. 

Lo más destacable es que la agencia inauguró el 8 de mayo tres nuevas paradas subterráneas, justo a tiempo para el Mundial, tras haber trabajado en su ampliación durante más de seis décadas. En junio, los aficionados utilizan la Línea D para llegar a las retransmisiones públicas (watch parties) y a las Fan Zones. Llegado agosto, a diferencia de las lanzaderas de los días de partido, estas estaciones seguirán prestando servicio a los residentes.

Las autoridades estiman que alrededor de 78.000 personas usarán la Línea D diariamente, que da servicio a uno de los corredores de mayor densidad de Estados Unidos. A finales de mayo, el Metro de Los Ángeles registra su  mayor número de pasajeros en seis años. El plan es inaugurar seis estaciones más para 2028, conectando las residencias de la UCLA, que servirán como Villa Olímpica, con el centro de Los Ángeles.

LA Metro se inspira en su propia historia: el número de usuarios alcanzó cifras récord en 1984, la última vez que la ciudad acogió los Juegos Olímpicos. «Sabemos que los acontecimientos mundiales pueden suponer una oportunidad», añade Wiggins.

Para la Copa Mundial, LA Metro ofrece agua gratis en puntos de hidratación estratégicos y, durante cuatro días a finales de junio, transforma la principal estación de tren de Los Ángeles en una Zona de Aficionados. Union Station cobra vida como no lo hacía desde hace años. «Nuestra Zona de Aficionados les dio a las personas una razón para llegar temprano, quedarse más tiempo y ver Union Station de otra manera», reflexiona Wiggins. «Cuando hacemos que el sistema sea más fácil y seguro de usar, cuando creamos lugares donde la gente quiere estar y cuando les damos a los usuarios una razón para elegir el transporte público para algo más que sus desplazamientos diarios, responden positivamente».

El tiempo dirá si el número de usuarios sigue aumentando más allá de estos megaeventos. La columna vertebral del sistema de LA Metro son los autobuses. La agencia da servicio a unas 12.000 paradas de autobús al día, lo que supone unas tres cuartas partes de los viajes, pero sus infraestructuras dejan mucho que desear.

La mayoría de las paradas de autobús no tienen marquesinas, dejando a los viajeros bajo el sol, sin saber cuánto tendrán que esperar al no haber paneles de salidas en tiempo real ni horarios a la vista. En la actualidad, el Programa de Servicios en Aceras y Transporte Público está modernizando las paradas y ha instalado 403 marquesinas; sin embargo, las pantallas de información suelen estar fuera de servicio.

Los Ángeles se enfrenta a múltiples pruebas en su cuenta atrás para los Juegos Olímpicos

Pasar unas semanas en Los Ángeles deja claro que las autoridades, agencias o empresas tienen dificultades para ir más allá de las tareas inmediatas que son de su competencia. LA Metro no es propietaria de las paradas de autobús, sino los ayuntamientos locales. Especialistas en transporte afirman que los políticos locales no están motivados para invertir en marquesinas, ya que temen que la población sin hogar se apropie de ellas. Aunque la red de autobuses te lleva a cualquier lugar de Los Ángeles, los usuarios acumulan horas bajo el sol haciendo transbordos entre líneas, a menudo acompañados por la numerosa población de personas sin hogar de la ciudad. Todo ello es un recordatorio de los retos a los que se enfrenta la metrópoli mientras se prepara para dar la bienvenida al mundo.

A mitad del torneo, las calles de Los Ángeles rebosan de vida y abundan las muestras de solidaridad y camaradería, con los residentes reunidos para celebrar, escribe la periodista local Alissa Walker en su crónica. Sin embargo, las celebraciones también se ven empañadas por el aire tóxico provocado por un gran incendio en un almacén

Las heridas de la ciudad son más profundas que ese humo: muchos residentes aún se están recuperando de los incendios forestales del año pasado, que devastaron barrios enteros en Altadena y Pacific Palisades, los incendios más destructivos en la historia de Los Ángeles. La contaminación del aire alcanzó niveles tóxicos; los contaminantes persisten mucho después de que se extingan los incendios.

En un contexto donde la administración nacional se centra en promover los combustibles fósiles, California, comparativamente más ecológica, enfrenta una gran presión. Los Ángeles publicó su Plan de Acción Climática en abril, con una sección completa dedicada a utilizar los grandes eventos deportivos para acelerar las inversiones climáticas que van mucho más allá de las ceremonias de clausura. El plan compromete a la ciudad a alcanzar la neutralidad de carbono para 2045, el 100 % de energía limpia para 2035 y a organizar unos Juegos que prioricen el transporte público, lo que debería mejorar las opciones de movilidad en los barrios menos favorecidos.

No obstante, los que trabajan para hacer que el condado de Los Ángeles sea más resiliente al clima no están convencidos ni del nivel de ambición ni de la rapidez de los avances. Tras los incendios forestales, la alcaldesa Bass eliminó el requisito de construir nuevas viviendas sin sistemas que funcionaran con combustibles fósiles.

«Honestamente, la gente y el trauma hacen que todo esto sea muy complicado, pero era una oportunidad para hacer realmente las cosas de una forma más sostenible y la región decidió no hacerlo», lamenta Cassie Rauser, directora del grupo ecologista TreePeople, que educa, planta y cuida árboles por todo el sur de California.

“Aún está por verse cuáles serán las consecuencias a largo plazo del incendio”, dice Wiggins, de LA Metro, con la voz cargada de dolor al recordar la devastación y la conmoción de sus empleados al perder sus hogares. Recupera su habitual seguridad para afirmar que los incendios forestales demostraron la importancia de contar con una buena infraestructura y un buen transporte público: “Durante esos incendios, contaron con nuestro servicio”.

La pregunta de si la era de los megaeventos en Los Ángeles beneficiará a sus habitantes a largo plazo es una incógnita que flota en el aire. Es precisamente esa resiliencia, tan arraigada en el día a día, la que Los Ángeles deberá fortalecer para que sus inversiones en megaeventos dejen un legado duradero. Faltan solo dos años para la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos.

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