Los buques navegan estables gracias a depósitos que contienen agua de lastre, pero al liberarla en otros puertos depositan infinidad de microorganismos, larvas y algas. Sin el tratamiento adecuado a bordo de los buques, se convierten en especies invasoras. Un convenio internacional trata de impedirlo.
Una investigación de AnimaNaturalis denuncia la crueldad a la que se somete a los peces en las piscifactorías industriales de España, primer productor acuícola de la Unión Europea.
Hace más de una década, pescadores de Roses (Girona) llegaron a un acuerdo oral para dejar de pescar merluzas en la zona. La veda, que aún hoy prevalece, ha permitido mejorar el ecosistema marino y establecer una unión atípica entre el sector pesquero, el científico y las ONG.
Durante esta semana se celebra en Niza (Francia) la tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos. Las diferentes organizaciones piden una ampliación de la protección de los océanos, fijada para el 30% en 2030.
Los ministros de Agricultura y Pesca de la Unión Europea han acordado reducir de 130 a 27 los días que los arrastreros españoles pueden pescar en el Mar Mediterráneo. Sin embargo, aplicando ciertas medidas ambientales, podrán recuperar prácticamente la totalidad de los días recortados.
Aunque la actividad pesquera se ha reducido, tres cuartas partes de los buques pesqueros ocultan su ubicación o no cuentan con rastreador, según un estudio publicado en la revista científica Nature. Algunos de estos barcos incluso entran en zonas marinas protegidas.
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